Eduardo Romero, el mismo "Gato" de siempre
El golfista de Villa Allende dice que a los 56 años sigue siendo el mismo, que disfruta del circuito y que su fama "de buena gente" viene de la casa y de sus ganas de aprender. Casi descartó un futuro en la política.
Es conocido que en los barrios más humildes de Villa Allende, los chicos hacen un pozo en la tierra, ponen una latita de picadillo, la entierran hasta el tope y después, con un palo, juegan a emular a sus ídolos. Gran parte de esa popularidad del golf tiene a Eduardo Romero como uno de los responsables.
Hoy, a los 56 años, "el Gato" camina con placer por los campos seniors del mundo, con el humor brotándole tan fácil como sus golpes, y disfrutando de una vida tranquila. "Así empezamos nosotros. Hacíamos eso con un tarrito de salsa y quedaba como un hoyo, y jugábamos en casa con palos de algarrobo. Al golf lo llevábamos en la sangre...", recuerda, sin sorprenderse por el eco que hoy tiene en los chicos. "No creo darme cuenta de lo que se generó, tal vez mi nieto se dé cuenta. Para mí esto es absolutamente normal, estoy para cumplir esa misión, jugar al golf y ayudar", justifica. –Y ahora, ¿cómo te relacionás con el golf? –Empiezo a disfrutar las cosas que hice en mi carrera. Lo bueno es que a esta edad estoy bien, físicamente y con el juego intacto. Eso te da otra visión de lo que es jugar en seniors. Si bien no soy multimillonario estoy bien para el resto de mi vida, entonces lo tomo como un hobby, pero en serio. Me preparo para jugar bien porque sino no tiene sentido. Pero lo estoy disfrutando al máximo, pensando en lo que va a pasar en cinco años cuando me empiece a retirar. Digo cinco años de competencia, porque al golf voy a estar ligado hasta que me muera, diseñando campos de golf o trabajando con los chicos.
–Para después, ¿mantenés la idea de ser intendente de Villa Allende? –Una vez dije que me gustaría, pero lo que pasa es que está muy manoseada la política. Es muy difícil. Me lo ha planteado la familia y no quiere, y si llego a meterme toda la familia tiene que estar de acuerdo. Vemos lo que pasa en la política de hoy: si sos bueno te hacen malo, si sos limpio te embarran, y esas cosas pueden arruinar una carrera que he mantenido limpia, sería una lástima. Hay críticas buenas y malas, eso siempre va a existir. En el golf, por ahora, todas las críticas son buenas por lo que uno ha hecho en el golf, y es difícil pasar de ser alguien aplaudido y reconocido, a pasar a ser nadie.
–¿Cuánto tenés hoy del cadi y de una celebridad en el deporte? –Sigo siendo el mismo tipo de siempre, cuando era cadi, cuando era profesional o siendo una celebridad, aunque no lo veo así. Para mí es igual: vivo en el mismo barrio, tengo la misma mujer desde hace 35 ó 40 años, tengo un perfil bajísimo. Vivo bien, adoro villa allende, adoro el Córdoba Golf Club, porque es lo que uno es. Siempre recuerdo al cadi, siempre que me paro y miro para atrás, veo al cadi que era Romero cuando tenía 9 años y ayudaba a parar la olla. Eso lo digo y lo comento. Una vez me dijeron que no era bueno que lo dijera tanto, ¿cómo que no es tan bueno? Si eso es lo mejor de todo, es lo que soy y lo que siento. ¿Cómo me voy a olvidar de cómo empecé? ¿Cómo me voy a olvidar del tipo que me dio una mano, una plata para que viajara a tal lado? Si soy lo que soy por eso.
–Tenés imagen de buena gente, ¿siempre fue así o es algo que llegó a medida que fuiste conocido? –Todo eso de ser buena gente nace en la casa, de los viejos, de los hermanos. Surge de donde uno viene. Uno es como un árbol, si lo plantas y se entra a doblar, lo tenés que enderezar. Y tenía mi viejo, un tipo muy simple, que te enderezaba. Y está la parte nuestra que es aprender. Por eso soy un eterno aprendiz. Con 56 años sigo aprendiendo del cadi, del linyera, del médico, del portero, del abogado, de todos, porque me gusta aprender, y me gusta cuando me corrigen cosas. Y lo acepto con humildad.
–Esa sencillez, ¿se contrapone con el concepto de que un campeón debe creérsela para poder llegar? –Para ser campeón hay que trabajar y tener humildad. Este deporte es así, hoy haces 10 bajo el par y mañana 11 sobre el par. En el golf tenés que ser lo más humilde posible, eso me ha forjado el espíritu. Cuando juego en la cancha soy como soy en la vida, me gusta ser agresivo cuando hay que ser agresivo, y me gusta conservar cuando hay que conservar, y cuando hago una macana la asimilo en el acto. Sé que la macana va a venir, el problema es cuando vas pensando en la macana. En la vida es igual, el que hace trampa en el golf, hace trampa en la vida.
–Y el que viene de cadi, ¿es un jugador diferente al aficionado? –Claro, tiene hambre. El tipo que viene de otra clase social diferente a la del cadi dice 'yo juego, si me va mal voy a trabajar con mi viejo o sigo estudiando'. El cadi dice 'si me va mal acá, ¿qué hago? agarro una pala y un pico. Me tengo que agarrar de esto, esto me va a dar de comer, desde los 9 años que estoy viendo cómo se hace'. Entonces se agarra de eso y la diferencia es enorme. Está comprobado que, salvo en Estados Unidos que es una materia de la universidad, en otras partes del mundo los grandes golfistas han venido de cadi, todos han surgido de muy abajo.
