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Yo hinché por Alemania

En el Mundial ’78, la BRD jugó en Córdoba y un grupo de estudiantes visitó la concentración del equipo y lo vio jugar frente a Túnez.

10 de julio de 2014 a las 10:09 a. m.
Yo hinché por Alemania

El recuerdo es un tesoro personal y se volvió urgente después del 7 a 1 de Alemania-Brasil. Pero aquel día yo hinché por Alemania. Hablo del 10 de junio de 1978, cuando tenía 11 años y era una aplicada alumna del Colegio Alemán de séptimo grado, condición escolar que a los oídos de hoy suena casi tan arcaica como cuando en esa época nos hablaban de primero inferior y primero superior.

En 1978, cuando Berlín tenía un muro y había dos Alemanias, la parte Federal, la BRD (Bundesrepublik Deutschland), fue uno de los 16 países que animaron el Mundial y recaló en Córdoba durante la primera fase. Llegaba con el crédito del campeonato anterior, con sus laureles y sus figuras como el arquero Seep Maier, Berti Vogts o Karl Rummenigge, y se alojó en Ascochinga, en el hotel de la Fuerza Aérea.

Lo sé porque lo leí, porque lo confirmé en Internet y porque yo estuve ahí. Conviviendo un día con todos ellos.

No había Twitter, ni Facebook, ni creo que nadie guarde fotos de ese encuentro (?), pero por esos días de invierno, las gestiones del Colegio Alemán se cristalizaron en una visita al seleccionado por parte de un grupo de alumnos.

El viaje se hizo en un colectivo que demoró casi dos horas para unir 80 kilómetros y se planteó como una clara cuestión de mérito escolar, requisito que no siempre se lleva bien con el deporte y que todavía resulta indigerible para muchos exalumnos ultrafutboleros que se quedaron en clase y que hubieran prometido ser los próximos abanderados a cambio de un asiento en ese ómnibus.

Hoy, cuando leemos que Alemania se construyó su propio hotel de 70 habitaciones frente al mar, en el Nordeste de Brasil, sin grandes lujos pero bien retirado y confortable para garantizarse una concentración tranquila lejos de los fanáticos y un entrenamiento a conciencia como manda el Deutsche Geist (espíritu alemán), aquella visita a Ascochinga cobra el tono de una proeza.

Aquel día, además de espiar el final del entrenamiento sin alambrado de por medio, compartimos un almuerzo en una gran mesa dispuesta en “U” en el comedor del hotel, y en la rueda se alternaron sus impecables remeras blancas con nuestros uniformes bien planchados.

Hubiera preferido Maier o Rummenigge, pero me tocó al lado de Rainer Bohnhof, que yo no sabía bien quién era y ahora leo que jugaba en el mediocampo del Borussia Mönchengladbach. Los chicos más grandes ocuparon rápido los mejores lugares, pero igual estuvo bien.

La sobremesa no se estiró demasiado y después del postre y el saludo del brindis (Pröst!), nos subimos nuevamente al colectivo de regreso. Nos regalaron un librito en papel ilustración donde figuraban todos ellos con sus fotos y firmas legítimas, un pin de metal de la BRD, un banderín de la selección y una entrada para ver Alemania-Túnez.

El partido se jugó el 10 de junio de 1978 en el estadio, y recuerdo un poco mi frustración porque empataron 0 a 0 y casi ni se prendió el tablero luminoso. Ese día yo hinché por Alemania.