Y un día... Estudiantes de Río Cuarto se hizo Nacional
Campeón 1983. Hace 30 años, los del Imperio vencieron a Belgrano 3-1 en la final del Provincial y, de yapa, llegaron por primera vez al Campeonato Nacional de Primera División de la AFA.
Fue algo así como el invitado que arruinó la fiesta y que se llevó la novia.
El 12 de febrero de 1983, Estudiantes de Río Cuarto protagonizó, a su manera, un "Maracanazo" en el Chateau, con un sorprendente 3-1 sobre Belgrano.
Fue por la final del Provincial, que tenía por premio algo más que una copa: estaba en juego, nada más y nada menos, que el pase directo al Nacional.
Fue, qué duda cabe, el momento cumbre en la vida del club del Imperio. Después de numerosas frustraciones, coronó así el anhelo de mezclarse de una vez por todas, y por los puntos, con aquellos clubes que, de tanto en tanto, se llegaban a Río Cuarto para amistosos vividos como auténticos eventos sociales.
Belgrano, con un equipo conformado por jóvenes promesas liderados por la experiencia de Guillermo Aramayo, eran claros favoritos. Había ganado invicto la fase clasificatoria, incluyendo un 2-0 sobre los del sur y, además, se habían traído un 0-0 desde el Ciudad de Río Cuarto en la primera final.
La revancha fue en Alberdi con clima enrarecido. Es que en el cotejo de ida hubo choque de hinchadas –la "B" llevó unos 3.000 simpatizantes– y para la revancha, en Alberdi, Estudiantes exigió garantías y jugar en el Chateau, un pedido que no prosperó. Con todo, "robó" un puntito en el Gigante y forzó un decisivo juego en el Estadio Córdoba.
De la mano del “Hacha”
El duelo del sábado 12 de febrero fue a todo o nada. "De interés nacional" tituló en la previa La Voz del Interior, que destacaba que el ganador sería el quinto representante de la provincia en el Nacional '83.
"Con todo el respeto que le tengo a Belgrano, estoy seguro de que ganaremos e iremos al Nacional, en recompensa a todo el esfuerzo realizado por la población de Río Cuarto", había anticipado Miguel Ponce, el DT estudiantil, quien sucedió en el cargo a Sebastián Viberti y que 15 minutos antes del partido sufrió un tremendo imprevisto. Roberto Chavero e Iván Cortez, que estaban precalentando, fueron notificados de que no podían jugar por estar suspendidos. Estudiantes puso el grito en el cielo y jugó bajo protesta.
En la cancha, el favoritismo Pirata se diluyó rápidamente. Funes, a los 12m, y Santecchia, a los 14m, pusieron un 2-0 que condicionó el trámite. Después llegó el tercero de la mano de un especialista en amargar a los de Alberdi: el "Hacha" Ludueña. De nada sirvió el descuento de Antúnez sobre la hora.
"Belgrano fue una ilusión juvenil; Estudiantes, una lección de madurez", escribió el inolvidable Nilo Neder en El Gráfico, que le dio dos páginas a la definición de la Asociación Cordobesa. Estudiantes ya había abierto sus fronteras.
Síntesis
Belgrano
Ricardo Martino
Huber Piozzi
Carlos Rondi
Osvaldo Cortez
Carlos Chiera
Hugo Mattea
Guillermo Aramayo
Omar Antúnez
Julio Villagra
Germán Martellotto
José Luis Leyva
DT: Jesús Gallegos
Estudiantes (Río IV)
Luis Landaburu
Ramón W. Gómez
Juan Domingo Sánchez
Omar Carranza
Jorge Burki
Luis Ludueña
Ramón Silva
Jorge Santecchia
Héctor Nicolás Gómez
Héctor Pitarch
Edgardo Funes
DT: Miguel Ponce
Goles: PT: 12m Funes (E), 14m Santecchia (E). ST: 34m Luis Ludueña (E), 45m Antúnez (B) de penal.
Cambios: ST, reinicio, Edgardo Parmigiani por Mattea (B), 17m Ariel Ramonda por Martellotto (B), 18m Ricardo Acevedo por Burki (E), 24m Aldo Haseney por Funes (E).
Árbitro: Mario Ferreyra. Cancha: Estadio Córdoba.
Recaudación: $ 1.955.614.000.
Opinión
La última alegría de mi carrera
Por Luis Ludueña
Haber participado en ese grupo tan lindo fue la última alegría de mi carrera, sobre todo porque le ganamos al rival mío de toda la vida (Belgrano).
Después de empatar en Río Cuarto la primera fina, la dirigencia de Estudiantes estaba desilusionada. “Siempre nos pasa lo mismo”, decían. Yo les pedí que nos tuvieran fe, que lo íbamos a dar vuelta en Córdoba, y así fue. Ganamos 3-1 y yo hice el tercero con un festejo especial: me levanté la camiseta y mostré una musculosa de Talleres. Es que en el segundo partido me habían puteado de lo lindo en Alberdi. Fue casi una despedida, porque ya tenía decidido no jugar más. Me pude dar ese gusto personal: irme campeón y ante Belgrano.