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¿Y si nos quedamos sin Mundial de Rusia?

Argentina enfrenta la peor crisis de la historia. Sin Messi, sin técnico, sin dinero y sin dirigentes, ahora el camino hacia la Copa del Mundo será muy complicado.

06 de julio de 2016 a las 05:35 p. m.
¿Y si nos quedamos sin Mundial de Rusia?

Parece lejano, pero más vale que nadie se confunda: el Mundial de Rusia podría convertirse en la última escala de un viaje interminable. Y no porque sea el destino final de una generación de futbolistas. Al contrario. Podría ser la pesadilla con la que se cierre un ciclo nefasto.

Y es que la Asociación del Fútbol Argentino, y todos sus satélites, no han podido parar la caída del fútbol argentino (y cuando hablamos de fútbol, nos referimos al juego que todos disfrutan) hacia el séptimo infierno. La historia no parece encontrar un final.

Desde la muerte de Julio Grondona nada mejoró. Al contrario. Como se esperaba, después de la nefasta gestión del dirigente que ocupó el sillón de AFA desde 1979, el fútbol no ha parado de sufrir las consecuencias de tamaño desmanejo.

Aquel pacto político con el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner, para lanzar el Fútbol para Todos, fue el inicio de un agujero negro que empezó a devorarse todo lo que sucedía en la órbita de los clubes. Millones de pesos volcados en la AFA no hicieron más que profundizar las inconductas de los dirigentes y terminaron de fundir -vaya paradoja- a los que, decían, iban a salvar.

Años de dinero fresco, fácil, y de dirigentes y empresarios insaciables llevaron a la ruina a la organización del fútbol nacional. Un escenario insostenible sólo sostenido por los herederos de Grondona y por otros dirigentes cómplices que apostaron a la continuidad porque no tuvieron el coraje de un cambio radical.

La putrefacción de las estructuras se comió hasta la elección para un nuevo presidente. Empataron en 38 cuando los que votaban eran 75 y el país (y el mundo) entendió que todo era una farsa. Una farsa cara.

A partir de allí, y en menos de 8 meses, todo se desmoronó. El Estado lucha para salirse de un pacto diabólico, heredado del gobierno anterior, mientras los mismos dirigentes que antes aplaudían la entrada de ese dinero ahora no saben cómo encontrar una salida.

En ese contexto, el mejor de todos dice adiós. Lionel Messi renunció, cansado de no encontrar felicidad (en la cancha y en la AFA), abrió una herida más. Sin él, se sabe, no se podrá cicatrizar.

Luego se fue Gerardo Martino porque, los mismos dirigentes que le palmeaban la espalda, luego por atrás le negaron la materia prima con la que trabaja "el Tata": los jugadores.

Y para completar la parodia, Diego Maradona se paseó por la AFA pidiendo una "auditoria". Lo dice mientras, por lo bajo, todos dicen que sólo debería pedir piedad.

Sin Messi, sin Martino, sin dinero, sin futuro, la clasificación al Mundial de Rusia ahora se presenta como un Everest. Claro que los jugadores argentinos pondrán el pecho y harán todo lo posible por escalarlo. El tema es cómo.