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Volvió Boca, el campeón

Enrique Vivanco analiza el presente del Xeneize, que está a un paso de consagrarse otra vez en el fútbol argentino.

29 de noviembre de 2011 a las 12:57 a. m.
Enrique Vivanco
Volvió Boca, el campeón
Volvió Boca, el campeón. (Foto: DyN)

Ya está. Boca saldrá campeón del Torneo Apertura mañana, pasado mañana, la semana que viene. Lo empuja la inercia de su propia gran campaña, su invicto de 26 partidos, sus victorias aquí, allá o más allá, y tener un par de jugadores que nacieron campeones, juegan casi siempre como campeones y morirán en el corazón y en los ojos del hincha como verdaderos y eternos campeones.

Algo está claro: Boca no ha tenido la culpa del andar tibio y errático de la oposición. Mucho hizo para llenar de oxígeno sus pulmones y respirar tranquilo en los casi siempre inciertos y nerviosos momentos de definición. Interpretó los mandatos del tiempo, miró el calendario y notó que hacía tres años que no ganaba nada. Atemperó conflictos, adormeció egos y puso manos a la obra.

Su buen momento ya venía del Torneo Clausura. Su trayectoria invicta nació en el primer semestre del año. El conflicto Juan Román Riquelme-Julio César Falcioni se suavizó y sirvió de plataforma para un despegue vertical y un recorrido no menos decidido.

¿Otras causas? Walter Erviti, antes resistido, mejoró. Lo mismo que Leandro Somoza y Diego Rivero.

El medio campo de Boca tuvo un nivel de regularidad que pudo soportar sin ningún problema la deserción por lesión de Riquelme. A esto se le sumaron la consolidación de Pablo Mouche y Cristian Chávez como hombres importantes y el lujo que para el medio local representa tener a Lucas Viatri, o a Nicolás Blandi o a Darío Cvitanich, tres jugadores que consoli­daron en la red el salto de calidad que los xeneizes como equipo mostraban en cada metro del campo de juego.

Todos estos jugadores empiezan a probarse la corona que algunos otros poseen desde antes. Hijos de Carlos Bianchi, nacidos en los territorios del Virrey, Rolando Schiavi, Clemente Rodríguez y Riquelme demostraron cada uno a su manera, otra vez, su trascendencia como futbolistas.

Fuerte, seguro y expeditivo “el Flaco”; generoso, audaz y hasta de­sequilibrante Clemente; como siempre talentoso, armonioso, organizador, ídolo, Román. En estos tres hombres, sin dudas, se sostuvo el andamiaje concebido desde el costado de la cancha por Falcioni. Fueron el reaseguro que Boca puso en escena para armarse ante cualquier eventualidad o contingencia adversa. Fueron, y repiten ahora, la armadura desde la cual Boca afrontó todas las batallas.

Boca como institución empieza a festejar su 24º título local. Si se le suman sus 18 conquistas internacionales, se convierte en el club más exitoso de Argentina. Popular y ganador, Boca, tanto como River, desde siempre, marcan el pulso en el escenario nacional.

En pocos días más, y en medio de los festejos por el campeonato conseguido, tendrá elección de autoridades. El nuevo presidente iniciará su periodo en épocas festivas, pero también deberá responder con la obligación de erradicar la delincuencia en su propio estadio.

Los barrabravas xeneizes gozan de buena salud, tienen dos exponentes calificados (Mauro Martín y Rafael Di Zeo) y un ejército de súbditos que hacen negocios, ganan plata, viven bien y no tienen ganas de perder los privilegios que ostentan.

Boca, en pocos días más, saldrá campeón. Muestra las mismas miserias que ofrecen todos los clubes del fútbol argentino. La gran diferencia con el resto es que sus vueltas olímpicas son más frecuentes.

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