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Vivanco: España, en paz con su historia

“La Furia” fue movilidad, fue rotación, también fue una búsqueda constante de espacios libres. De esta manera, ganó el fútbol.

13 de julio de 2010 a las 02:35 p. m.
Vivanco: España, en paz con su historia
Puyol, Xaxi e Iniesta, símbolos del equipo campeón (Foto: AP).

España campeón. Ganó el fútbol. La vieja y referencial "Furia" mudó en las elegantes formas de una selección que no revolucionó este juego, pero que sí reinstaló el rigor por el toque y la circulación prolija y permanente del balón, como valores supremos para ejercer el poder en la cancha.España mostró eso. Su poder, su fuerza a partir de la pelota. La tuvo siempre más en cualquier partido, lo que la habilitó a tener más posibilidades de dañar a su adversario y la alivió en una menor cantidad de sofocones propios.

España fue movilidad, fue rotación, también fue una búsqueda constante de espacios libres y una equilibrada exposición de toques cortos con cambios de frente o pelotas al vacío.

España tuvo a dos hombres pensantes de excepción. Tuvo a Iniesta y a Xavi, jugadores de baby fútbol en esa fantástica faceta de tocar y desmarcarse en espacios chicos, de jugar en pared y de triangular, de dar la pelota a un compañero y recibirla de él con su misma redondez y peso. Y no una piedra que rebota y hace doler las rodillas.

Ese es el mayor mérito de España. Exhibir el toque como una manera de hacerse valer, de hacer diferencia, de imponerse, de decirle al rival "vení, a ver quién juega mejor, te desafío"; de transmitir la invalorable enseñanza de que los grandes recorridos en un campo lo debe hacer el balón y no los futbolistas de cuatro pulmones y genética de maratonista.

Otro gran mérito de España fue la de eliminar, solamente con su juego, cualquier polémica. Nadie la discute, todos la aprueban. Y además por su condición de primeriza, ajena a cualquier conflicto o envidia por ostentación de conquistas, y por su gestión ininterrumpida como reclutadora serial de los más grandes jugadores que ha dado el mundo.En los estadios españoles se ha visto en persona a Romario y a Ronaldo; a Distéfano y a Ferenc Puskas; a Beckam y a Robben; ¡y a Maradona y a Messi!; a Rivaldo, a Cruyff, a Koeman, a Cannavaro, ¡a Zidane!. Y también a Valdano y a Redondo y a Zamorano y a decenas más...

Estas millonarias inversiones fueron un enorme acierto. El tradicional estilo rústico español fue dando lentos pasos hacia una transformación fantástica. El perfil torpe y sin ideas fue cediendo por el efecto de observación-aprendizaje al de la pausa, al de la imaginación y al de la aplicación variada de los recursos técnicos.La primera señal la produjo en los Juegos Olímpicos de 1992, en Barcelona. Guardiola era su líder, y se llevó la corona. Contemporánea a esa gesta fue la Quinta del Buitre de Butragueño, Sanchis, Vázquez y Míchel en el Real Madrid, ganadora de muchos torneos. Otra generación. Las mismas ganas y distinto talento. Más millones, más contacto directo con los mejores, más evolución. Sus espadas siempre fueron las conquistas de sus clubes; su punto débil, su selección. El Madrid o el Barsa, o hasta el mismo Valencia o el Sevilla podían, pero "La Roja", no. Faltaba algo grande. Y que fuera de todos.Hasta que la eterna mano generosa extendida hacia el suelo empezó a levantar la cosecha. Y llegó la Eurocopa 2008. España saciaba apenas un poco su sed de victorias, su necesidad de reconocimiento mundial ante tanto entusiasmo y dinero invertido. Después de la final, Casillas fue España y Sara Carbonero su tradición futbolera. En el beso apasionado del arquero a la periodista quedó sellado ese contrato de reciprocidad hasta entonces incumplido. Desde el domingo, con su primer Mundial, la historia quedó en paz con España.