Vivanco: España, en paz con su historia
“La Furia” fue movilidad, fue rotación, también fue una búsqueda constante de espacios libres. De esta manera, ganó el fútbol.
España campeón. Ganó el fútbol. La vieja y referencial "Furia" mudó en las elegantes formas de una selección que no revolucionó este juego, pero que sí reinstaló el rigor por el toque y la circulación prolija y permanente del balón, como valores supremos para ejercer el poder en la cancha.España mostró eso. Su poder, su fuerza a partir de la pelota. La tuvo siempre más en cualquier partido, lo que la habilitó a tener más posibilidades de dañar a su adversario y la alivió en una menor cantidad de sofocones propios.
España fue movilidad, fue rotación, también fue una búsqueda constante de espacios libres y una equilibrada exposición de toques cortos con cambios de frente o pelotas al vacío.
España tuvo a dos hombres pensantes de excepción. Tuvo a Iniesta y a Xavi, jugadores de baby fútbol en esa fantástica faceta de tocar y desmarcarse en espacios chicos, de jugar en pared y de triangular, de dar la pelota a un compañero y recibirla de él con su misma redondez y peso. Y no una piedra que rebota y hace doler las rodillas.
Ese es el mayor mérito de España. Exhibir el toque como una manera de hacerse valer, de hacer diferencia, de imponerse, de decirle al rival "vení, a ver quién juega mejor, te desafío"; de transmitir la invalorable enseñanza de que los grandes recorridos en un campo lo debe hacer el balón y no los futbolistas de cuatro pulmones y genética de maratonista.
Otro gran mérito de España fue la de eliminar, solamente con su juego, cualquier polémica. Nadie la discute, todos la aprueban. Y además por su condición de primeriza, ajena a cualquier conflicto o envidia por ostentación de conquistas, y por su gestión ininterrumpida como reclutadora serial de los más grandes jugadores que ha dado el mundo.En los estadios españoles se ha visto en persona a Romario y a Ronaldo; a Distéfano y a Ferenc Puskas; a Beckam y a Robben; ¡y a Maradona y a Messi!; a Rivaldo, a Cruyff, a Koeman, a Cannavaro, ¡a Zidane!. Y también a Valdano y a Redondo y a Zamorano y a decenas más...
Estas millonarias inversiones fueron un enorme acierto. El tradicional estilo rústico español fue dando lentos pasos hacia una transformación fantástica. El perfil torpe y sin ideas fue cediendo por el efecto de observación-aprendizaje al de la pausa, al de la imaginación y al de la aplicación variada de los recursos técnicos.La primera señal la produjo en los Juegos Olímpicos de 1992, en Barcelona. Guardiola era su líder, y se llevó la corona. Contemporánea a esa gesta fue la Quinta del Buitre de Butragueño, Sanchis, Vázquez y Míchel en el Real Madrid, ganadora de muchos torneos. Otra generación. Las mismas ganas y distinto talento. Más millones, más contacto directo con los mejores, más evolución. Sus espadas siempre fueron las conquistas de sus clubes; su punto débil, su selección. El Madrid o el Barsa, o hasta el mismo Valencia o el Sevilla podían, pero "La Roja", no. Faltaba algo grande. Y que fuera de todos.Hasta que la eterna mano generosa extendida hacia el suelo empezó a levantar la cosecha. Y llegó la Eurocopa 2008. España saciaba apenas un poco su sed de victorias, su necesidad de reconocimiento mundial ante tanto entusiasmo y dinero invertido. Después de la final, Casillas fue España y Sara Carbonero su tradición futbolera. En el beso apasionado del arquero a la periodista quedó sellado ese contrato de reciprocidad hasta entonces incumplido. Desde el domingo, con su primer Mundial, la historia quedó en paz con España.

