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Violencia en el fútbol: primer trimestre, desaprobado

Feroz comienzo de año en el fútbol argentino. Los choques y enfrentamientos se suceden, y las soluciones no aparecen. Sin distinción de categorías, la violencia está enquistada en las tribunas y trasciende a los actores y a la fuerza policial.

02 de abril de 2013 a las 08:58 a. m.
Violencia en el fútbol: primer trimestre, desaprobado
Made in Lanús. Ayer los hinchas de Quilmes se enfrentaron con efectivos policiales. // Foto: Télam

Podría decirse sin temor a exagerar que finalizó un feroz primer trimestre de año para el fútbol argentino, un período tan bravo en materia de choques y enfrentamientos entre los núcleos violentos que anidan en las tribunas, que en un momento dado se analizó con seguir el torneo de Primera sin público visitante. El balance no deja de impresionar: dos barras muertos que se agregan a las estadísticas más trágicas de las canchas nacionales, decenas de heridos y cientos de detenidos, como consecuencia de "batallas" en casi todas las categorías. Quienes siguen meticulosamente la abrumadora cantidad de choques feroces con hinchas involucrados y en ocasión de partidos, mencionan una estadística asombrosa: un hecho cada tres días en lo que va de 2013.

Uno de los peores enfrentamientos por la cantidad de balas disparadas y el saldo final de un muerto y más de 10 heridos, dos de ellos graves, se registró entre facciones enemigas de la barra de Tigre, en la previa del juego con Boca. Fue el 24 de febrero.

La otra víctima fatal fue producto de otra interna, esta vez entre violentos de Gimnasia (LP), en un incidente que la policía relativizó inicialmente atribuyéndole connotaciones vecinales. Allí también fue herido de bala un niño de 10 años. Un rato después, el Lobo vencía 4-0 a Nueva Chicago, y el partido fue suspendido porque hinchas del Torito no se bancaron la goleada. Fue el moño patético para una tarde de terror.

Ese mismo 2 de marzo, en la Primera D, el arquero de Muñiz, Leonardo Díaz, fue ferozmente golpeado y recibió una puñalada en su brazo izquierdo de parte de “simpatizantes” de Leandro Alem, que patearon la puerta del vestuario visitante para vengarse de una derrota 1-0.

Rosario siempre estuvo

La primera refriega de importancia del año fue entre hinchas de Newell’s y la Policía rosarina, y obligó a suspender una edición “amistosa de verano” del clásico entre Central y la Lepra, a pesar de que el estadio “canalla” estaba repleto de hinchas propios (muchos invadieron el campo y saquearon a sus jugadores, que habían ingresado a realizar un trabajo físico).

Las lecturas de lo ocurrido en Rosario fueron coincidentes respecto de que la furia no se tomaba vacaciones, pero también hubo algunos “Nostradamus” que creyeron ver una señal anticipatoria de lo se venía. No se equivocaron, por más que no eran necesarios demasiados talentos adivinatorios para predecir espirales de violencia en el fútbol argentino.

Los “aportes” para esta situación vinieron de todos lados. Por ejemplo, de las temidas internas de La 12, siempre amagando con terminar en tragedia y con mensajes mafiosos como la quema de unos cuantos autos de los barras “oficiales” en el estacionamiento de Boca.

Pero las cosas no se limitaron al uso de fósforos, ya que también hubo peleas, como el entrevero ocurrido durante el partido contra Nacional de Montevideo por la Copa Libertadores. Hubo púas y un herido, que fue retirado del lugar por otros integrantes de su facción.

También por la Libertadores, pero en este caso en el partido Vélez-Peñarol, en el Centenario, los hinchas velezanos (que habían tenido enfrentamientos internos en el camino a Uruguay), terminaron chocando con la Policía uruguaya e hinchas locales. El club porteño fue multado con 100 mil dólares de parte de la Conmebol.

También aportaron los policías rosarinos apaleando por TV y sin contemplaciones a los hinchas de Belgrano en el choque contra Newell’s, paliza que se trasladó al césped e incluyó a un jugador del equipo visitante, el capitán Gastón Turus.

Otros que tuvieron mucho protagonismo en el trimestre fueron los barras de Colón. Cuando venían de ver a su equipo goleado por Lanús, se abrieron paso en la Panamericana a balazo limpio frente a un “molesto” piquete de vecinos. Los manifestantes pedían luz y recibieron balas.

Fue en febrero y hubo 60 detenidos. En marzo, los hinchas sabaleros aprovecharon fallas en el operativo policial, bajaron de los ómnibus primero en la General Paz y luego en Libertador, para acuchillar hinchas de River antes del partido en Monumental. Hubo cuatro heridos y 120 detenidos.

Sin distinción de torneos

Los choques alcanzaron también a la modesta Copa Argentina. A principios de marzo hinchas violentos de Morón que se movilizaban hacia San Juan para ver a su equipo frente a Instituto, se toparon en la ruta con pares de Huracán que se desplazaban siguiendo a su equipo que jugaba con Racing de Olavarría en la misma sede cuyana. Pararon los ómnibus, bajaron unos y otros, desenfundaron, comenzaron los disparos y hubo dos heridos graves.

También por Copa Argentina, el miércoles pasado, Quilmes le ganaba 2-0 a Unión de Villa Krause y el partido no paso del entretiempo por los incidentes que iniciaron los hinchas locales. Antes, y por el Torneo Final, parciales de San Martín de San Juan no se bancaron la derrota de su equipo ante Racing Club y obligaron a parar el partido a fuerza de pedradas.

Menos expuestos por la falta de transmisión televisiva, los casi fantasmales partidos de los torneos que organiza el Consejo Federal también tienen sus momentos bravos, como el choque en Santiago del Estero entre Sportivo Fernández y Deportivo Aguilares de Tucumán que finalizó con los hinchas locales tratando de lapidar a los jugadores de visitantes, pese a que su equipo había goleado 5-1. Se jugaba sólo con público local, por los comprometedores antecedentes en los duelos entre santiagueños y tucumanos.

Y fue Tucumán el escenario de otros hechos violentos, como el final caótico del clásico San Martín-Atlético por Copa Argentina, con los hinchas “cirujas” chocando con la Policía. Y otro más difundido fue el de los hinchas de Rosario Central generando desmanes en Tucumán durante el partido con Atlético por la B Nacional. Pero los barras canallas ya habían desatado imprevistamente su furia durante el viaje al norte destruyendo autos y agrediendo a turistas y a policías a pedradas en las Termas de Río Hondo.

El alud de violencia que se desencadenó en este comienzo de año parece no tener fin. Rosario Central no tendrá a sus hinchas en su próximo partido de visitante, con Independiente Rivadavia. Es el castigo que hasta el momento impuso la AFA. Suena a poco, casi a impunidad, y en buena medida es la explicación de esta hora salvaje que vive el fútbol nacional.

El fin de semana que pasó no fue la excepción. Hubo balacera y heridos antes de River-Vélez, más tiros en otro capítulo de la interminable interna de la barra de Merlo, e incidentes en la previa de Lanús-Quilmes.