Vázquez tuvo la mejor de las despedidas en Belgrano
Tarde soñada. Belgrano le ganó 1-0 a Arsenal, en Alberdi, y cerró un año inolvidable, acaso el más importante de su historia. Franco Vázquez, autor de un golazo, recibió un cálido “adiós” de la gente, aunque para “el Mudo” es un “hasta luego”.
Fue una tarde soñada para Belgrano. Sobre todo para los que desafiaron la tórrida jornada y, especulando con el aguinaldo que viene, se gastaron unos pesos a cuenta para ir a despedir al equipo.
Motivos había de sobra: la posibilidad de cerrar la mejor campaña de la "B" en torneos cortos –coronando un año histórico por el ascenso ante River y por haber dejado atrás el fantasma de la quiebra– y también la chance de aplaudir a Franco Vázquez, que en pocos días viajará a Italia para sumarse al Palermo.
El triunfo por 1 a 0 ante Arsenal, con gol del "Mudo" incluido, colmó todas esas expectativas. Pero, además, le dio a los hinchas la chance de redimirse.
Es que, hasta no hace tanto, Vázquez era, para muchos, un jugador discutido. Por esa pose desgarbada, de andar cansino y bajo perfil, se hizo acreedor de algunos reproches cuando las cosas no le salían al equipo. Pocos repararon por entonces en que, pese a su juventud y el clima de cierta hostilidad que se había generado entorno a su figura, nunca dejó de pedirla.
Fue así hasta que su talento hizo explosión, al punto de convertirlo en uno de los mejores jugadores del Apertura. Entonces sí, ya no quedó ni un solo hincha de la “B” que no lo reconociera como crack.
Casi podría decirse que el resurgir de Belgrano, en este inolvidable 2011, coincidió, no sólo con la llegada de Ricardo Zielinski, sino también con la "explosión" de Vázquez, aunque en el puerto era un ilustre desconocido hasta que, bajo la suela de su botín izquierdo, le escondió la pelota a River, en el mismísimo Monumental.
El país habló de Vázquez. Y de Juan Carlos Olave. Y de César Pereyra y Guillermo Farré. Pero claro: “el Mudo” hablaba el lenguaje de la pelota desde mucho antes. Ya se hacía entender cuando Francisco Ferraro, durante el frío invierno que sucedió al descenso de 2007, lo incluyó en la nómina de los que viajaron a Necochea para hacer la pretemporada.
Alcanzó a tirar alguna pared con Matías Suárez, pero sólo en las prácticas. El momento de Vázquez llegaría más adelante.
Sociedad para la historia
Zielinski logró que en los jugadores se hiciera carne la idea de que “la figura es el equipo”, aunque sabe que, en un juego colectivo, las pequeñas sociedades marcan la diferencia.
Ayer, cuando Vázquez definió con un tiro cruzado lo que había sido una doble pared con “el Picante” Pereyra, terminó de rubricar una de esas sociedades destinadas a perdurar en la memoria de los hinchas.
La dupla Vázquez-Pereyra no tuvo el tiempo de aquella otra sociedad memorable, la que formaron Luis Sosa y Luis Fabián Artime.
Tampoco tuvo el manejo grupal, ni la idolatría que acompañó a los "próceres" de la "B". Y hasta los tiempos, aunque no tan lejanos, son muy distintos. Pero la química, en el terreno de juego, fue la misma.
A Vázquez, sus compañeros le dieron ayer la capitanía y lo llevaron en andas de frente a la popular cuando Alejandro Toia decretó el final. En las tribunas –incluso desde la platea que tardó en reconocerlo–empezaron a bajar los hits. “Olé, olé, olé, olé... Mudooo, Mudooo”, bramaron primero. “Para el Mudo, la selección”, pidieron después. Y hasta llegaron a asegurar que “el Mudo va a volver”.
Pasaron algunos minutos hasta que Vázquez se presentó en la sala de conferencias del Gigante. Sus ojos, irritados, acusaban que no había podido contener las lágrimas.
"A lo que me propuse, lo pude cumplir. Para le gente sólo tengo palabras de agradecimiento. Fue algo hermoso, difícil de olvidar. Espero poder dormir esta noche", se sinceró. Y hasta le dejó un mensaje a los que ya lo extrañan: "Belgrano es mi gran amor, mi corazón. Seguro que voy a volver para jugar una Copa".Fue el cierre de una jornada apoteótica para un Belgrano que, con razones más que suficientes, adelantó el brindis de fin de año.
