Un repaso por los objetos voladores identificados en los estadios
Reclamos en las canchas. Desde la dentadura que el lunes le tiraron a Ricardo Caruso Lombardi, hasta una moto en Italia. Los hinchas demuestran su descontento con formas a veces indebidas, pero originales, que luego dan la vuelta al mundo.
No sólo de goles se alimenta el fútbol. Las hinchadas también parecen contar sus ocurrencias como tantos y, sea contra el árbitro, su propio equipo o contra un rival, la imaginación se agudiza cuando hay que demostrar el descontento.
Y, aunque nada justifica que acciones o elementos indebidos impidan el normal desarrollo de un evento deportivo, hay momentos que trascienden por su “originalidad”.
La dentadura postiza que le lanzaron el lunes al DT de Argentinos, Ricardo Caruso Lombardi, en el partido frente a Belgrano en La Paternal, fue un pedido a los jugadores para que pusieran "más dientes y más huevo", según explicó a Cadena 3 Mario Rosseto, quien la tiró.
Pilas, encendedores, radios, zapatillas, botellas y celulares suelen volar en las canchas, pero muchos son los ejemplos para manifestar el descontento.
Hinchas de Talleres y Colón tiraron jeringas y bolsas con sangre para demostrarles a sus jugadores los que le faltaba. En Racing sorprendieron las muletas que la propia hinchada le tiró al equipo, y en épocas flojas, el maíz y las plumas le dieron la bienvenida a River en más de una oportunidad.
Los ejemplos abundan también cuando los futbolistas se cambian de bando y el dolor de los hinchas se traduce en ingenio. Los de Newell’s le arrojaron ravioles al “Ogro” Cristian Fabbiani –por su sobrepeso– cuando los visitó con River en Rosario; los de Boca le lanzaron consoladores al “Mono” Navarro Montoya cuando jugó en la Bombonera para Independiente, y en el Camp Nou llovió de todo la primera vez que Luis Figo enfrentó a su ex equipo, el Barcelona, con el Real Madrid. Billetes con su cara, una muñeca inflable con el número “10” y hasta una cabeza de chancho invadieron el campo “en honor” al “pesetero” portugués.
En los clásicos también se viven este tipo de escenas. Así, los hinchas de Boca le tiraron gallinas a River, y los Millonarios retribuyeron con un chancho. Pero el recuerdo de Ángel David Comizzo, en un Boca-River, escuchando el penal que “el Mono” le atajaba a Hernán Díaz en el área contraria por una radio que le habían tirado desde la tribuna es imborrable. En Avellaneda, Racing le arrojó azúcar a Independiente por su mote de “amargo”.
Locales. En Alberdi, los hinchas de Belgrano le tiraron al juez de línea Roberto Chirino una empanada árabe contra San Martín de Tucumán. Y en un torneo de la Primera de la Liga Cordobesa, la hinchada de Sportivo Alta Gracia le arrojó una mesa al árbitro.
Allá lejos. Los hinchas del Basilea suizo no estaban de acuerdo con que el juego contra el Lucerna fuera aplazado para no coincidir con un partido de Roger Federer y lanzaron a la cancha cientos de pelotas de tenis.
En Italia, los hinchas del Inter tiraron una moto al campo de juego que habían ingresado desarmada al San Siro. Y en España, en un partido entre Atlético de Madrid y Sevilla, un fanático le lanzó una botella de whisky a un jugador que tenía problemas con el alcohol.
