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Un recorrido por el búnker de Argentina en Sudáfrica

El Centro de Alto Rendimiento de la Universidad de Pretoria está abierto al público. Te mostramos el lugar donde vivió la selección.

10 de julio de 2010 a las 09:14 a. m.
Federico Giammaría, enviado especial a Sudáfrica
Un recorrido por el búnker de Argentina en Sudáfrica

Shona Hendricks trabajaba en la noche del viernes en uno de los salones del Centro de Alto Rendimiento Deportivo de la Universidad de Pretoria (HPC). En el respaldo de su silla colgaba una camiseta de la selección argentina firmada por varios futbolistas. Ella es científica del deporte y se gana la vida en el mismo lugar en el que el equipo de Maradona se concentró para jugar el Mundial de Sudáfrica. A una semana de la eliminación, el lugar volvió a ser lo que era: un centro público de deportes en el que toda la comunidad puede pasar la tarde haciendo ejercicios.

“Han sido muy buenas personas”, contaba Shona. Vio caminar a la selección y al cuerpo técnico por los pasillos del cálido edificio, de paredes vidriadas y luces dicroicas, durante casi un mes. “Me regalaron la camiseta como un recuerdo”, agregó aunque no pudo lograr el autógrafo del DT.

Hoy, el HPC retornó a la normalidad. Y puede recorrerse sin permiso alguno. Cruzar la barrera que hasta hace una semana era infranqueable sólo es un trámite. La seguridad privada ha dejado el celo. Sólo queda una Bandera argentina en la entrada, el recuerdo de un sueño que no pudo ser. Pero de los gigantes que custodiaban el lugar no hay ni rastros.

El gimnasio volvió a ser usado por señoras mayores, por atletas universitarios y por panzones entrados en edad. Ya no están los tres yacuzzis que la selección había pedido para el mismo salón. Volvieron las máquinas para levantar pesas y el piso de madera está limpio. Dos recepcionistas atienden de muy buen humor e invitan a conocer las instalaciones.

En el segundo piso del HPC, las habitaciones que ocuparon los jugadores están listas para recibir a nuevos huéspedes. Camas de plaza y media, un baño por cuarto y paredes blancas, pero ya sin fotos de los futbolistas argentinos. Ahora, las piezas están decoradas con pósters de atletas sudafricanos y en cada cajón de las mesas de luz, el Nuevo Testamento. Los plasmas se mantienen y no hay atisbos de bidés. Todas dan a un salón común, con sillones y una gran mesa de reuniones. Allí estaban pegados los carteles que servían de combustible anímico. "Hambre de gloria" o el "Sueña que puedes y podrás".

Debajo, en el subsuelo, está el restaurante. Mesas para cuatro personas y una barra más bien sencilla, rodeada de vidrios que permiten ver todo el campo de deportes. Enormes canchas de rugby que utilizan los Tucks, el equipo de los juveniles de la Universidad, son las que días atrás servían de escenario de preparación. La pared del fondo permitía ver cómo Maradona y su cuerpo técnico hacían un “fulbito” luego de cada día de práctica, al costado de la pileta de natación.

Las lonas verdes que cubrían todo el perímetro de la HPC ya no están. Pero sí quedaron algunos bolsones Adidas de la utilería. Están guardados en una de las habitaciones del Locker 1, el "templo sagrado" que ocupó Diego. El DT, junto a sus compañeros de trabajo, dormía en un edificio separado a la izquierda del principal y a pocos metros de donde lo hacían los jugadores.

En la misma habitación de los bolsos están los colchones que la selección pidió cambiar y que, se dijo, serían donados. Están apilados y envueltos en nylon, nuevos, sin uso. Además, hay cajas de cartón llenas de revistas de la AFA (una edición especial que nunca fue repartida entre la prensa) y una estantería de chapa que se usó para la utilería. Los rótulos, escritos con fibrón azul, dan testimonio de que allí se apilaron las camisetas, las pecheras y los buzos de entrenamiento de Argentina.

Y al fondo, las habitaciones de Diego. La 5 y la 6 fueron ocupadas por el DT durante toda la estadía. Son las únicas que se mantienen cerradas con llave. Todas las demás están abiertas y preparadas para volver a tener huéspedes. Pero las de Maradona no. Allí se hacían las reuniones con el cuerpo técnico y por ahí pasaban los referentes del grupo para intercambiar sus opiniones con él, como en la madrugada del domingo pasado cuando la eliminación ante Alemania era una herida abierta. Sus secretos se mantienen intactos, esperando que el tiempo los borre para siempre.

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