Un drama: ahora sí, estamos contra las cuerdas
Argentina lo intentó por todos los medios y no pudo romper el cero contra Perú. Quedó obligado a ganar en Ecuador.
Lionel Messi hace una de Messi, el Messi de Barcelona. Quedan dos, tres peruanos en el camino y todos vamos a ver ese gol que ha hecho millones de veces en su carrera. El que aparece en el resumen del noticiero una y otra vez. Ese del zurdazo que se va a terminar clavando en un palo luego del slalom.
Pero no. Un botín peruano alcanza a cambiar el destino de la pelota y la jugada será un presagio. Un mensaje de lo que pasará una y otra vez en toda la noche.
Argentina, la Argentina de Messi, el equipo que necesitaba con urgencia intolerante ganar, no pudo hacerlo. Necesitaba un milagro, pero el milagro no llegó. Y terminó por empatar sin goles con Perú, en la penúltima fecha de unas eliminatorias que se tornaron demasiado cuesta arriba.
Porque sus propios miedos y sus propios fantasmas atacan a un equipo que, entre tantas cosas, no tiene suerte.
Se podrán criticar muchas cosas del estilo y de la propuesta de Jorge Sampaoli, su DT. Pero anoche, frente a Perú (y sobre todo en la primera etapa), la selección albiceleste intentó todo y de todas las maneras posibles. Por arriba, por abajo, con centros, con toques hasta la misma “boca” del arco. Nada resultó.
Porque, por ejemplo, el Darío Benedetto que no para de hacer goles en Boca recibe un centro a la cabeza y su tiro sale arriba del travesaño. Y sí, es la misma cancha y es el mismo Benedetto de todos los domingos.
Para colmo de males, puede ingresar el cordobés Emiliano Rigoni con toda su hambre de cambiar la historia. Pero le queda una pelota debajo del arco libre y falla. Increíblemente, otra vez.
¿Quieren más? Fernando Gago entra para ser la llave del equipo y se lesiona en la segunda jugada, para salir entre lágrimas y frustración. ¡Tres minutos estuvo en cancha!
Perú, el equipo del “Tigre” Gareca, vino a hacer un negocio y los números le terminaron cerrando más que nunca, con un 0-0 tan grande como la Bombonera. Y hasta casi logra ganarlo con un tiro libre en el final que hubiera sido tapa de todos los diarios... en Perú.
Sí, el estadio Alberto J. Armando, alias La Bombonera, tiene mística, historia, transmite emociones, eriza la piel, mueve el cemento... pero no hace goles. Los goles tienen que hacerlos los que están sobre el césped.
Y la noche del jueves 5 de octubre de 2017 nadie hará los goles, por más que sigan lloviendo centros sobre el área peruana y Messi patee cuatro tiros libres más, con todos los celulares esperando grabar ese gol que no será grabado.
Entonces, Argentina queda con un pie afuera del Mundial. Está, ahora, sexta en la tabla de posiciones, con los mismos 25 puntos que Perú, pero con peor diferencia de gol.
Habrá que visitar a Ecuador (ya está eliminado) por un partido de epopeya. Una patriada de esas que aparecen en los libros de historia del fútbol mundial. Una victoria le asegura la chance de jugar un repechaje para llegar a Rusia 2018 y hasta le puede dar la clasificación directa. Pero todo se hace demasiado difícil, demasiado cuesta arriba para el conjunto de Sampaoli, un DT que sigue sin poder ganar un partido de eliminatorias.
Estará del lado de Argentina Messi, un “convertidor” de imposibles en posibles, cuando un equipo lo acompaña. Porque nuevamente quedó claro que con Messi solo no alcanza. Ni con la Bombonera ni toda su mística de noches históricas. Los estadios nunca hicieron goles y el de Boca no es la excepción. Deberá hacerlos la selección. Si no, el Mundial de Rusia será una fiesta extraña; una fiesta de la que participarán otros.
