Tras el Mundial de Brasil ahora llega la hora de volver a casa, como sea
Fue un lunes con sentimiento de resaca en Río de Janeiro, con postales de argentinos recorriendo las calles de la ciudad mientras asumían que había que regresar a casa con la ilusión destrozada.
Pasaron rápido, ya de vuelta para Monte Grande. Debían recorrer 3.000 kilómetros hasta casa. En un Chevrolet Celta (1.0, de dos puertas) habían venido hasta Río para vivir la final. El domingo a las 11.40 pudieron bajarse en la ciudad del partido y ayer, la familia entera (con dos nenas) partió a casa.
Postales de un lunes de resaca en Río de Janeiro, después de la derrota en la final. Argentinos desparramados por las calles de la ciudad, después de una noche de esas que duelen en el cuerpo. Autos llenos de hinchas que intentaron dormir, veredas decoradas con colchones inflables, sueños destrozados por Alemania, Y las tapas de los diarios brasileños, que no dejaron pasar la chance para tomarse la revancha.
El día después dejó un par de heridos (en Copacabana, la noche del domingo, después de la final) y muchas camisetas argentinas lucidas con más determinación. Por la avenida Atlántida se cruzaban los alemanes campeones con los subcampeones. No había interacción. Lo que sí producía chispas eran los cruces con los brasileños que no dejaron de tomarse la revancha por el "qué se siente".
Los diarios no perdonaron. Colgados en los quioscos de la rua Nuestra Señora de Copacabana mostraban en tapa (del Extra, por ejemplo) la bandera argentina con un sol tapado por una lágrima y en todos los casos, la cara de Lio Messi sufriendo la derrota en el último partido del Mundial.
Ni hablar de la televisión. El conductor de Brasil Urgente, en Bandeirantes, se pasó todo su programa asegurando que para Argentina lo del domingo fue un Maracanazo. Uno de los programas con más rating del país no pudo mantener la línea y sacó todas las emociones guardadas durante una semana.
"Ahora los hermanos se tendrán que volver a casa tristes", se reía el conductor de Brasil Urgente.
“Respeto el futbol argentino, pero lo de los hinchas es otra cosa”, decía. “Ahora los hermanos se tendrán que volver a casa tristes”, se reía ante su audiencia luego de presentar un informe sobre cómo se iba vaciando el sambódromo de Río después de la caída en la final.
Miles de compatriotas emprendieron la retirada con los bártulos donde se pudiera, la amargura de una chance que pasó y las sonrisas de despedida de los que ya no soportaban más gaste en su propia casa.
Cerca de la Fan Fest (que ayer empezó a ser desarmada) había una larga cola que no distinguía nacionalidades. Todavía presentes, algunos foráneos se mezclaban con argentinos y alemanes para entrar a la tienda oficial de los productos de Fifa. Es que el día después del Mundial todo el merchandising pasa a ser obsoleto y por eso, las rebajas son enormes.
La gente, a pesar de la amargura, quería llevarse un presente y colmó por varias horas la zona para arrasar con los peluches de Fuleco, la mascota oficial de la Copa.
