Torneo Final: ilusiones para muchos en 2013
La vuelta de Ramón Díaz y Bianchi renuevan ilusiones en Boca y River. Belgrano, de la mano de Zielinski, va por el gran golpe.
Casi de repente gran parte del fútbol se iluminó con sonrisas, a modo de augurios para un buen -gran ,si es posible- 2013, y hasta dejando de lado amarguras recientes en el marco de un balance flaco del año que se va, que apenas mostró buenas realidades para unos pocos.
La aparición de Ramón Díaz con su estampa de conocedor del alma y los deseos del hincha riverplatense apagó los fuegos cuyas llamas parecían alcanzar al presidente Daniel Passarella, acusado de dominios personalistas y poco habitué a la admisión de errores. Passarella escuchó el veredicto del pueblo tribunero que se desvistió de culpa por tener que militar contra Matías Almeyda, el jugador que lloró como pocos el descenso y sin fogueo salió al ruedo como DT.
Ni siquiera el ascenso, sufrido y facilitado por sorprendentes traspiés ajenos, le dio sostén al Pelado de Azul. Encima llegaron las conflictivas salidas de Cavenaghi y Chori Domínguez y el público jugó para los futbolistas despechados. Trezeguet casi que desapareció en Primera.
Con el 2-0 en San Juan, haber puesto al joven Manuel Lanzini, autor de uno de los finos goles de ese día, los hinchas nutrieron a Ramón del alimento necesario para fortalecerlo en ánimo y apoyo. Al final River terminó octavo en su vuelta a Primera, muy lejos de lo esperado.
¿Acaso no es similar lo que ocurrió con Boca en este fin de año?. Todo era conflicto pero apareció Carlos Bianchi aceptando guiar al conjunto xeneize por tercera vez en su vida, jugándose a sus 63 años sus antecedentes enormemente exitosos. El hincha va por más porque quiere la dupla que considera ideal. A Bianchi en el banco y a Juan Román Riquelme en la cancha. El que está adentro de Boca quiere lograr que el hijo pródigo vuelva.
Pero qué había pasado antes?. Boca sacó 66 puntos en los dos torneos, tercero en uno, sexto en otro, ganador de Copa Argentina, finalista en la Libertadores, llegó con chances a la última del Clausura, no pudo en los penales contra Arsenal en la Supercopa. No fue eso lo que eclosionó el conflicto. Aunque de un lado y otro juran y perjuran, para el hincha Falcioni fue el responsable de que Riquelme se vaciara y se fuera. Riquelme fue por más, salió a hablar cuando Falcioni y Angelici ya abrochaban el acuerdo por la renovación del contrato. El efecto fue una Bombonera que dio un veredicto contundente contra Falcioni, por Riquelme y por Bianchi.
Como Passarella en River, Angelici lo hizo en Boca y de allí que sin nada que festejar los hinchas de ambos, con sus exitosos entrenadores de vuelta en casa levantarán las copas augurando que 2013 sea un volver a vivir de las épocas idas.
Es que son contados con los dedos de una mano los que realmente pueden festejar logros este año. Vélez, ganador claro del torneo Inicial, tercero en el Clausura del primer semestre, máximo acumulador de puntos (74= más del doble de lo que sumó Independiente en el año pese a que al Rojo le falta cumplir un partido).
Ricardo Gareca logró cubrir con jóvenes los puestos que dejaron experimentados emigrantes (Silva, Maxi Moralez, el Burrito Martínez, Victor Zapata, Ortiz) y con Pratto y Chuky Ferreyra -venía de descender con Banfield- y los jóvenes Cerro, Romero, Alione y Peruzzi, más los baqueanos Insúa, Papa, Cubero, demostró que con una línea de juego definida y con apuntes especiales para tal o cual partido, el éxito puede ser posible.
También festejó Arsenal, aunque no tenga la vistosidad de Vélez. Gustavo Alfaro le dio este año su primer título local al ganar el Clausura en el último partido. Aún sin Obolo, sin Leguizamón, con una defensa con centrales que son de lo mejor que hay en mercado, entre ellos Lisandro López y Guillermo Burdisso, exitoso al punto de pasar luego a Boca, el equipo del Viaducto se las arregló para dejar fuera de carrera en la última fecha a Boca y Tigre.
Como si fuera poco, las manos enormes y reflejos meteóricos de Cristian Campestrini en la definición por penales dejó sin la Supercopa Argentina a Boca. La recuperación de Newell˜s con la aparición de Gerardo Martino, el buen debut Guillermo Barros Schelotto en Lanús, con uno de los mejores juegos de ataque que tuvo al uruguayo Mario Regueiro como figura destacada, el Belgrano de Ricardo Zielinski que cada vez pesa más a la hora de enfrentarlo y se viene acomodando entre las primeras posiciones (compartió el segundo puesto en puntos con Newell˜s en el Inicial y había ocurrido lo mismo en el Apertura 2011) pueden darse por hechos.
Ni que hablar de Tigre pese al mal tránsito en el Inicial y del duro final en San Pablo por la Sudamericana. Es que con la guía de Rodolfo Arruabarrena tuvo un torneo Clausura épico. En base a puntos escaló por un palo enjabonado que cualquier otro hubiera terminado rápido hundido en los fondos del descenso. Por poco no fue campeón y sumó su tercer subcampeoanto. Los resultados no pudieron sostener a Arruabarrena, que se fue sin que se lo pidieran.
También sueña Racing, con sus tres jóvenes que dieron frescura al ataque y hoy sus hinchas rezan para que no les desarmen esa estructura que le puede dar alegrías que no son frecuentes. El triunvirato ofensivo con Centurión, Fariña y Vietto apunta para bien pero su permanencia es vulnerable a la millonada de euros que llegue de Europa.
Sueña San Lorenzo tras uno de sus años más duros. Conflictos institucionales que terminaron con un presidente (Carlos Abdo) y el angustioso tránsito de jugar una promoción ( la salvó rápido con un 3-0 en el primer partido ante Instituto) , la transición conflictiva de Ricardo Caruso Lombardi fueron un combo para la llegada de Marcelo Tinelli a la directiva y Juan Pizzi a la dirección técnica. La gestión que marcha bien por la vuelta a Boedo y tras un arranque preocupante el hilván de unas cuantas victorias que lo alejaron del descenso, hacen que San Lorenzo pase un fin de año mucho mejor que el tránsito que tuvo en él.
En cambio, donde todo es conflicto es en Independiente. Sumó solo 36 puntos en los dos torneos, de lo más bajo, llegó Américo Gallego que es la única ilusión aunque aún no le encontró la vuelta y el equipo terminó el año dentro de la zona del descenso.. Todo en medio de la lucha del presidente Javier Cantero contra una barra brava que sigue hiriendo de muerte al club que dicen defender.