Tiempo de selecciones... y comparaciones
Mientas los argentinos todavía lamentan la eliminación del seleccionado de Maradona del Mundial de Sudáfrica, se vienen otros mundiales: el de básquet, el de hockey, el de vóley y el de rugby. Comparar en tan inevitable como innecesario.
Todavía retumba en la cabeza de muchos argentinos la pirotecnia que se disparó a mansalva tras el categórico 4-0 con el que Alemania expulsó al equipo de Maradona del Mundial de Sudáfrica. Y los disparos siguen... salvo el ex entrenador, que no habló en caliente y sólo lo hizo en una conferencia de prensa, papel en mano y sin espacio para las preguntas, muchos dejaron el bozal al lado de la cama y le dan trabajo a las glándulas salivales.
A saber: Oscar Ruggeri, que integró desde las sombras el cuerpo técnico de Maradona en Sudáfrica, sigue disparando munición gruesa como columnista en el programa de Fantino (El show del fútbol) contra los traidores y mentirosos denunciados por el propio Diego. Héctor Enrique y Alejandro Mancuso defienden la gestión en cuánto micrófono le ponen adelante. Messi, que es de poco hablar, se metió en la polémica y salió a defender a Sergio Batista, con quién ganó el oro olímpico en Beijing 2008 jugando el fútbol que le gusta. "El Checho", todavía DT interino, comenzó a diferenciarse de su antecesor (convocó a Zanetti, Cambiasso, Gabriel Milito y D'Alessandro –ignorados para Sudáfrica–), ya habla como entrenador de la selección y piensa en la Copa América 2011 y el Mundial de Brasil 2014. Julio Grondona, el auténtico dueño del circo y en consecuencia el boletero, domador y equilibrista de la fiesta, le pega a Maradona y sale a decir que el tiempo demostrará que él no es ningún mentiroso.
Un auténtico cabaré que alcanza dimensiones impensadas por el calibre de los personajes en danza y porque se trata de fútbol: el motor estimulante de la gran pasión argentina. Y menos mal que en este diván gigante de la catarsis argentina José Sanfilippo tuvo poco y casi nada de aire (días después de la eliminación dijo que la probable renovación de Maradona como DT le revolvía el estómago), porque si “el Nene” hubiera ganado espacio en los medios, mamita, seguro que esto explotaba.
En medio de este talk show caliente, que nada tiene que envidiarle a Tinelli, Rial o Gelblung, ya están a la vuelta de la esquina los mundiales de básquetbol (en Turquía, a partir del 28 de agosto) y hockey (desde el 29 de agosto, en Rosario). Un poquito más lejos está el de vóleibol (el 25 de setiembre, en Italia) y mucho más lejos, el de rugby (desde el 9 de setiembre de 2011, en Nueva Zelanda).
Con la naranja del básquet a punto de ser lanzada, la bocha esperando por el primer palazo y las heridas de Sudáfrica aún sangrando, las comparaciones serán tan inevitables como innecesarias, simplemente porque no se pueden multiplicar manzanas con peras. Situaciones distintas, pasiones diferentes, contextos desiguales y formaciones antagónicas hacen imposible mezclar análisis lineales. El impacto masivo de la decepción, el éxito o el fracaso no tienen puntos de comparación. No hay esquina en la que se junten, salvo por el color de la camiseta.
El espíritu de solidaridad y compañerismo que se aprende en disciplinas como el básquetbol, el rugby o el hockey en las categorías formativas no es ni por asomo del nivel de competitividad que se mama, generalmente, en las divisiones menores del fútbol. Por eso, la idea de equipo que se van formando los chicos que se hacen en las disciplinas mal llamadas menores, dista años luz de la que tienen muchos de los que crecen bajo el ala protectora del fútbol.
De las Leonas, los Pumas o la selección de básquetbol emociona la forma en que sus jugadores cantan el himno, se abrazan y disputan cada instante del juego, pero la euforia por el triunfo o el duelo por la derrota, son efímeros para el gran público. Del fútbol, nos emocionan la victoria, aunque eternamente se cuestionarán algunos valores de sus protagonistas.

