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Talleres y el tiempo de cambiar

La columna de Enrique Vivanco, sobre el presente albiazul y las posibilidades de torcer el rumbo.

25 de febrero de 2014 a las 01:55 p. m.
Talleres y el tiempo de cambiar
Jugada clave. Sánchez Sotelo ya remató y la pelota va rumbo a los palos del arco de Unión. Esta carambola hipnotizó al Kempes y a los hinchas de Talleres. (Foto: Sergio Cejas)

La pelota impulsada casi al final del partido por Juan Sánchez Sotelo produjo hipnosis masiva en el estadio Mario Kempes. Cualquier atisbo de enojo en la gente por un empate no querido quedó diluido por esa lamentada jugada. Fue así que el comentario inmediato al pitazo final del árbitro Mariano González se centró en ese curioso "doble palo". Y la igualdad, la manera de lograrla y sus consecuencias quedaron en segundo plano.

Es fácil imaginar lo que hubiera sucedido si esa pelota entraba en el arco del atribulado Unión de Santa Fe. Con ese gol que no fue, Talleres hubiera sumado dos puntos más (28), habría quedado a unas pocas centésimas de salir de la zona de descenso y estaría preparando con más tranquilidad el partido que jugará hoy con Almirante Brown.

Lejos de sorprender, esta situación era una posibilidad cierta para Rubén Forestello, quien al poner un pie en la Boutique no recurrió al realismo mágico para explicar que, de los tres horizontes que los albiazules podían observar, ya uno estaba dejando de ser visible: el ascenso a Primera División. Hoy, cuando faltan 18 fechas para terminar el campeonato, a Talleres sólo le quedan las opciones de hacer una buena campaña (está a tiempo, todavía) o de luchar por mantener la categoría.

Por lo que se le vio ante Unión, Talleres, aun con otros hombres, sobre todo en el medio campo, repitió errores que lo han llevado a este inquietante momento. Antes con Arnaldo Sialle y por estos días con Forestello, el equipo, quizá por las características y el modo de sentir el fútbol de sus jugadores y de sus técnicos, fue preparado más para atacar que para defender, a sumarse sin oposición al golpe por golpe con el adversario de turno; desde que comenzó el torneo, ha demostrado sobradamente que padece fallas individuales y colectivas para defenderse, y por eso tampoco muestra elementos que le permitan cuidar una ventaja, cuando está arriba en el resultado.

Esa forma libre de concebir el juego, tiene el costado positivo de la misma libertad, que expone a sus jugadores más técnicos a lo mejor de sus virtudes, pero también potencia la anarquía en la que suele caer el equipo cuando pierde las marcas, empieza a recibir los embates del rival y siente el descalabro defensivo en su propio arco. Le pasó contra Unión, antes del empate de Leonardo Sánchez; le pasó muchas otras veces a lo largo del certamen.

¿Qué hacer ante este panorama? ¿Qué hacer si los defensores, salvo Renzo Vera, no pasan un buen momento, y la mayoría de los volantes no "sienten la marca" y mucho menos puede sostener una obediencia táctica, tan necesaria en el fútbol de hoy? A Talleres cualquier equipo le hace un gol en el estadio Mario Kempes y más de uno le ha manejado la pelota en sus propias narices, en algunos casos sin producir respuestas de ningún tipo.

El calendario todavía permite reformular propuestas. ¿Seguirá Talleres con esta oferta que hasta ahora ha lucido tan temeraria? ¿Habrá más rigor colectivo en sus desplazamientos y será más conservador? ¿Aumentará el temple y el amor propio de los futbolistas para salir lo más rápido posible de esta situación? ¿O el fantasma del descenso volverá a sobrevolar como un viejo pero no tan olvidado sueño?

Su respuesta debe tener la contundencia del golazo de Klusener, un hombre que resume los atributos de los que se tiene que valer el equipo para salir adelante. Sin tantos matices pero expeditivo y eficiente, el delantero marca el rumbo ante un desafío que necesita del imprescindible compromiso de todos.