Temas del día:

Talleres se hace la cabeza

Triunfo albiazul 2-0. El equipo que dirige Gustavo Coleoni le ganó al de Daniel Primo con la gran noche de Guillermo Cosaro, el defensor devenido en volante goleador. Con este triunfo, la “T” se acomodó bien en la tabla del nonagonal.

10 de abril de 2011 a las 11:37 a. m.
Hugo García
Talleres se hace la cabeza

Cuando más cosas se juegan, el fútbol parece sufrir una mutación. Hay una aire de complejidad disparada por el miedo a perder. Sin embargo, es su esencia la que lo saca de ese aparente y nocivo estado en el que se pierden las formas hasta las que lleva el más elegante.Esa misma que tuvieron ayer los goles de Talleres. Aquellos que fueron convertidos por Guillermo Cosaro de cabeza, con las excelentes asistencias del enganche nacido en Isla Verde Cristian Zárate. El mismo autor, idéntico asistidor.

Con dos gestos técnicos, el equipo albiazul resolvió el trámite de un partido ante aquel que lo había tenido “de hijo” durante la Primera Fase (por ganarle tres de los cuatro encuentros) y al más pintado en esto de la pelota parada.

“Lo habíamos ensayado en la semana. Estuvimos practicando bastante y pudo darse”, dijo el pibe de Laboulaye, una de las cartas que se jugó Gustavo Coleoni al ubicarlo como volante por izquierda. Cosaro, que fue jugador de la Agencia Córdoba Deportes y que alguna vez pudo ir al Villarreal de España por 300 mil dólares, tuvo su noche soñada y a quien la camiseta verde lo inspira ya que de los seis goles que anotó en este torneo, tres se los hizo a Sportivo Belgrano.

"Le agradezco a Zárate por las pelotas que me puso", dijo el pibe, grato con "el Tato", otra de las cartas del entrenador quien lo incluyó como enganche.

Hubo aplausos para ambos (sobre todo para el goleador cuando lo relevó Miguel Monay) y para todo el equipo en una Boutique que lució repleta con 18 mil lugares ocupados, en su gran mayoría por los hinchas albiazules y sólo 1.200 de Sportivo Belgrano. Impronta mata suspicacia

La victoria fue el escape para una olla a presión en la que se había transformado el mundo Talleres tras el 0-0 del debut con Unión en Sunchales y la fecha libre posterior. Ayer, con el 2-0 sobre Sportivo Belgrano quedó líder del nonagonal y a la espera del partido con Central Norte en Salta. Sacando cuentas para lo que sigue y disparando la ilusión hasta las nubes.

Pensando que la dupla Zárate-Álvarez es otra alternativa para seguir de cerca, el partido que también se jugó Nery Leyes por la banda derecha, la recuperación de Emiliano Gianunzio, el resurgir de Walter Ribonetto y la atajadas del arquero Federico Crivelli.

El 2-0 también tiró al basurero, o a la papelera de reciclaje, hechos que a veces cobran demasiada importancia. Como los que rodean a la programación de los partidos como éste. Y que resultan de un cóctel de impericia (la gravitación de los organismos de seguridad o de inseguridad), arreglos y acuerdos no cumplidos, en el que todos tienen derecho a la suspicacia porque saben que el perjudicado de ayer (Sportivo Belgrano por el cambio de día) antes fue beneficiado (cuando embolsó una gran recaudación al hacer de local en el Chateau Carreras en el torneo anterior).

Lo mismo que suele suceder con la designación de los árbitros porque ayer también circuló la versión de que su designación se sabía desde hacía una semana

El llanto, la presión, los condicionamientos, cotizan a futuro, y según vengan los vientos los dirigentes son los que no tienen peso en la AFA o los que te hacen un asado bajo el agua.

Gestos técnicos y sociedades como los de ayer (Zárate-Cosaro), o como las tapadas de Crivelli, son las que sacan al fútbol de ese aire de impureza. Y lo llevan al lugar de dónde no tiene que salir. Ahí donde la impronta mata todo.

Más de Deportes - Fútbol