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Talleres: ni "Cuti" ni "Peteco"... ¡Gabriel!

El otro Carabajal. Hizo un gol digno de una chacarera de la tradicional familia musiquera santiagueña. Arranque, avance, giro, zarandeo y coronación. El césped del Kempes fue el patio de tierra humedecida en el que Talleres danzó a su ritmo.

01 de octubre de 2012 a las 08:18 a. m.
Talleres: ni "Cuti" ni "Peteco"... ¡Gabriel!
Le trae suerte. “El Gaby” ya le había metido un gol a Central Córdoba el pasado 23 de marzo. // Foto: Ramiro Pereyra

Aunque se dio en el mullido césped del Mario Kempes y lejos de la tierra salitrosa de Santiago del Estero, el triunfo de Talleres de ayer frente a Central Córdoba, "el Ferroviario" santiagueño, tuvo aroma a patio de tierra humedecida, guitarra, bombo, violín y Salamanca.No estuvieron Cuti, Roberto ni Peteco para entrarle a los acordes de la chacarera, pero hubo otro Carabajal, de nombre Gabriel y con ese apellido de pura mística santiagueña, que hizo templar las cuerdas del juego de Talleres.

Fue el chico nacido en Lozada, con su golazo a los 34 minutos del primer tiempo, el responsable de sacar al partido de la siesta –su especialidad– en que quería meterlo el equipo visitante, que llegaba como líder al entrevero. Y fue “el Gaby” quien logró que la fiesta se embriagara de vino patero y se endulzara con mistol y arrope de tuna.

Ya le había marcado un gol al “Ferro” el 23 de marzo pasado, por el undecagonal, cuando la “T” lo goleó 5 a 2. Pero la jugada de su gol de ayer tuvo mucho del ritmo y el color atrevido de la chacarera, de ese rasguido que arranca suave, pero que va creciendo en la energía de la mano y explota en el grito que llama a la danza. O que convoca al festejo del gol, en el fútbol.

Amagó, quebró la cintura y permitió que Britez se sumara al compás. Avance y retroceso, giro, vuelta, zarandeo, grito de “¡Ahura!” y pelota adentro. Pura estética bailarina, frenesí de Chacarerata y cierre de coronación, como corresponde.

Carabajal fue la sublimación de una chacarera que no quedó trunca, porque siempre fue hacia adelante, buscando el espacio libre y a la espera de que lo acompañaran para descargar.

Sus “compañeras” fueron, en distintas etapas del partido, Fabio Álvarez, Albano Becica, Gastón Bottino, Diego Chitzoff y hasta el mismísimo Ezequiel Britez, saliendo desde la última mesa ubicada en el patio.

Gabriel gritó “¡Se va la primera!” y llegó el primero. Y también convocó para que se fuera la segunda, pero se quedó sin piernas. Todavía tiene que aprender a manejar los descansos para que los movimientos no le consuman las piernas.

Quizá, como a él, al equipo de Sialle le faltó la pausa para que la danza se convirtiera en baile. Porque ese equipo que tuvo al frente, golpeado por las bajas y aturdido por el ímpetu de la “T”, fue la sombra del que llegó puntero e invicto al Chateau.

Y le permitió a Talleres aprender que la chacarera, bailada en parejas como las que despuntaron ayer en la “T”, lo puede llevar a conquistas mayores, en la medida que el director de la coreografía las sostenga.

Con una defensa firme a la que sólo le hicieron cuatro goles en seis partidos y que lleva cuatro encuentros sin que le conviertan como local.

Con un medio campo que no puede prescindir de Carabajal y Becica, pero ubicados en los sectores que les son naturales. Y con Klusener siempre presto para meterla, aunque a veces no pueda, Talleres estará para seguir bailando bien la chacarera, si es que no deja de ensayar los pasos.