Talleres: Klusener volvió a tocar el cielo con las manos
El llamado de Fassi se demoró más de lo que esperaba y llegó como el cuarto delantero del plantel. Cuando Strahman entró en sequía, agarró la “9”. Ayer fue clave.
Si hay un jugador de Talleres que tenía el cielo asegurado antes de que Andrés Fassi lo convocara, aunque de última, para integrar el plantel, es Gonzalo Klusener. Fue uno de los últimos en arreglar, el 18 de enero, cuando estaba cerca de cerrar su incorporación a Gimnasia de Jujuy.Venía de Primera División, de una temporada en Olimpo, club en el que tuvo un paso irregular y no pudo repetir lo bueno que hizo en Quilmes, en 2014. El jugador más goleador que tuvo el club después del "Cachi" Zelaya, el idolatrado del ascenso de las 60 mil gargantas de 2013 a la B Nacional, se había cansado de esperar que el llamado desde Córdoba llegara.
Y cuando estaba en La Plata pensando si viajaba a Jujuy para definir si se sumaba al Lobo, por fin sonó el celular. En unos pocos minutos, el goleador misionero arregló de palabra todo con Fassi -inclusive por menos plata que la que esperaba- y “Klusegol” comenzó a diagramar, feliz, el operativo retorno a la “T”. Era su deseo y finalmente se concretaba.
Eso sí: tendría que remarla. Llegaba sin pretemporada y como cuarto delantero, detrás de Velázquez, Strahman y Ramis (inclusive en quinto lugar, porque también estaba Marcos Godoy, aunque lesionado).
Pero también venía un jugador cambiado, más maduro y asentado por la experiencia en Primera. Con sus virtudes técnicas potenciadas, pero que necesitaban de una buena puesta a punto física y futbolística para ser mostradas. Se la bancó desde atrás, como si su legajo exitoso no existiera. Se entrenó duro y concienzudamente, sumó para el grupo, apoyó sin hacer escenas y su consejo de hombre conocedor del paño fue muy importante en el vestuario.
Esperó pacientemente su oportunidad, que le llegó cuando Strahman entró en sequía. Estaba a punto caramelo para jugar y, en forma leal, le metía presión a Kudelka. Por casualidad o causalidad, le tocó volver a la titularidad en el difícil compromiso frente a Gimnasia, en Jujuy. La “T” ganó 2 a 1, Gonzalo metió el primero y la rompió. Y desde entonces no soltó la “9” y mojó cuatro veces más. El romance con la gente no había desaparecido, pero necesitaba renovarse.
Con su anatomía de raza goleadora intacta, hizo que el “¡¡¡Olé, olé, Klusé, Klusé!!!” retumbara otra vez en el Kempes, como en las no tan viejas buenas épocas. Amado, idolatrado, inmortalizado en paredones y murales, cumplió su sueño: ascender a la “T” a Primera.

