Talleres, ante San Martín, pudo cambiar la cara, pero no supo cerrar el partido
Se equivocó, acertó y se volvió a equivocar. Talleres jugó un mal primer tiempo, pero los cambios le dieron resultado y se puso en ventaja. Al final, un desacople defensivo le impidió ganar.
No se trata de pedirle a Talleres que renuncie a una identidad de juego que tanto le costó construir. Pero, a resultado puesto, lo mínimo que se le puede pedir es que en esta instancia, en la que todas son "finales", muestre el aplomo que se necesita para cerrar un resultado favorable.
Le costó mucho a la “T” ponerse arriba en el marcador. Tanto que, en el primer tiempo, se vio claramente superado por un rival que le quitó la pelota y lo presionó en el medio, obligándolo siempre al error. Con Agustín Díaz desconectado (tan cerca de Villarreal le cuesta proyectar su juego en función ofensiva), el local no tuvo circuito de juego. Entonces, Bazzi y Benítez terminaban siendo la salida, aunque están para otra cosa.
La única llegada de Talleres en la etapa inicial fue una media chilena de Bazzi, tras un córner, que Ojeda, en un acto reflejo, sacó por encima del travesaño. En contrapartida, San Martín sorprendió en más de una ocasión con Chanquía y "el Ratón" Ibáñez, bien respaldados por el gran trabajo de Max en el medio.
Pero, en el entretiempo, Sialle reacomodó las piezas. Acertó con el ingreso de Carabajal que, aunque tirado a la izquierda, tuvo libertad para moverse por delante de la línea de volantes. El que salió fue Bazzi, propiciando que Benítez juegue de lo que mejor sabe: un lateral por con proyección, pero con mayor responsabilidad en la recuperación. Y, por la derecha, a fuerza de sacrificio, Bottino fue constituyéndose en figura, al tiempo que el desgaste comenzaba a sentirse en los bastiones que había mostrado la visita en el primer tiempo.
El partido se hizo abierto y daba la sensación de que el que acertara primero se quedaría con todo. Y el que pegó un pleno fue Talleres, después de una buena jugada de Benítez, quien mandó un centro pasado que Bottino devolvió de cabeza al corazón del área, por donde entró libre Velasco (minutos antes había reemplazado a un intrascendente Olego) para empujarla al gol. Se jugaban 22 minutos del segundo tiempo.
De allí en más, Talleres dispuso de espacios como para asegurarse la victoria. Le faltó al Albiazul la claridad necesaria para darle el golpe de gracia a un rival confundido, que había gastado sus cartuchos en el primer tiempo. No obstante, nada hacía pensar que el triunfo se le escaparía.
Lo inesperadoClaro que, por el lado del banco tucumano, también hubo aciertos. El DT Carlos Roldán prescindió de dos de los más destacados (Chanquía y Héctor López, exhaustos) para hacer ingresar a Facundo Ermini y Nicolás Roldán, los artífices del empate final.
No faltaba casi nada... apenas dos minutos. Contra todos los manuales, un pelotazo frontal encontrará a la defensa de la "T" sin referencia de la ubicación de los delanteros "santos". Por eso, cuando Trulls rechazó de cabeza, a Roldán se le prendió la lamparita: levantó la cabeza y habilitó a Ermini, quien quedó mano a mano con Aguiar y definió con un toque certero.
En resumidas cuentas, Talleres hizo lo más difícil: abrir un partido cuyo trámite no lo había favorecido. Pero, cuando tuvo que hacer lo más fácil (evitar que un delantero rival quedara de frente a su arquero), cometió un error increíble, sobre todo considerando el tiempo de juego y la instancia del campeonato.
Su gente se fue masticando bronca y es lógico, aunque, si se ve la película completa, el resultado no le cayó para nada mal a un partido intenso y con vaivenes.