Talleres: amor a la mejicana
Cordobés, de la “T” y casado en Playa del Carmen. Darío Castro se fue hace siete años a México. Allí conoció a su mujer, Paulina Mendoza, y consiguió trabajo en la Justicia de Guadalajara.
"Olé, olé, olé, olé, olé, olé, olá. Soooy de Talleres, es un sentimiento, no puedo paraaar". Esa canción albiazul característica de los finales de los partidos en cualquier cancha donde juegue Talleres no estuvo ausente ayer en "la Cueva del Coyote", en el amistoso ante el Tlaxcala. Es que poco más de 20 hinchas de la "T" se hicieron escuchar en el momento en el que el equipo recibía una copa por haber participado del encuentro.La mayoría eran cordobeses radicados en México, que aprovecharon esta oportunidad para poder estar cerca de su Talleres querido. Uno de ellos fue Walter Rodríguez, que hace 15 años dejó Argentina y que ahora tiene una parrillada en Puebla (ciudad cercana ubicada a 40 kilómetros de Tlaxcala).
Sin embargo, el que más viajó de todos los argento-mejicanos no fue este egresado del Monserrat de la promoción ‘88, sino Darío Castro. Este muchacho de 32 años hizo durante la madrugada de ayer domingo los 700 kilómetros desde Guadalajara, ciudad en la que está radicado, hasta el estadio donde jugó Talleres.
"Viajamos toda la noche. Paramos una horita para dormir en el auto. Llegamos a las 8, desayunamos y entramos ni bien abrieron las puertas de la cancha. Fuimos los primeros en entrar", le contó a Mundo D.
Darío eligió irse México a los 25 años, en busca de un mejor pasar que el que tenía en Córdoba, en barrio La France. “Me vine acá a buscar trabajo. Estuve primero en Playa del Carmen, que tiene un centro que parece Córdoba porque allí viven unos 15 mil cordobeses. Ahí me casé y después de unos años me mudé”, dijo mientras abrazaba a Paulina Mendoza, su esposa mejicana, pero que lucía una camiseta argentina.
“La pasión sigue intacta”
Castro aseguró ser fanático de la “T” y contó que ni la distancia puede hacer que su cariño por Talleres se calme. “Para ser de Talleres hay que estar un poco loco. Es un amor incondicional. Aunque ahora no lo puedo ver, lo sigo por las redes sociales, por la radio, por lo que sea. Ella (su mujer) es testigo de eso. Cuando me enteré que jugaba acá, dije: ‘Tengo que estar ahí’. Y bueno, vinimos y trataremos de ir a León y a Zacatecas”, aseguró.
“Yo le cuento a ella y no cree cómo se vive allá el fútbol. Cantar todo el partido, volverte loco, cantar afuera de la cancha... Yo tengo mi grupo de amigos que me mandan fotos y se me eriza la piel. Es una locura esto”, aseguró este empleado del poder judicial de México.
Más allá de que extraña a Talleres, Darío asegura que no piensa en regresar a la Argentina, ya que tiene una nueva vida formada al lado de Paulina y con un trabajo estable para ambos. Además, asegura que la situación en México en cuanto a los asesinatos por narcotráfico “no son tan graves como se ve afuera”, ya que si uno no está en ese ambiente no tiene que correr demasiado riesgo.
Banderas
Además de la argentina y la de Talleres que Castro hizo a las apuradas, hubo más banderas en la “Cueva del Coyote”. Una de barrio Crisol, otra de Medellín, una con un duende y la frase “volveré siempre a verte por amor y porque así lo siento”, y una con la oración “qué lindo volver a verte”.
Así, el plantel de Talleres tuvo su cuota de compañía en su primer amistoso en México. Y varios de estos “locos” volverán a estar el miércoles y el domingo en los dos encuentros que le restan disputar a la “T”.
Albiazules
Fassi, presente. Andrés Fassi, el presidente de Talleres, analizó el primer amistoso de la "T" en México. "Los vi bien. De menos a más. Tlaxcala es un equipo que viene en competencia. Me gustó el complemento", dijo a Mundo D.Lencina. El ex Belgrano es el ayudante de campo de Pablo Sabater, DT de Tlaxcala. "La verdad es que fue una buena experiencia. El partido fue entretenido. Talleres tiene potencial", dijo.