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Taborín, el campeón del silencio en la Lifi

Merecido. Por primera vez en la historia, Gabriel Taborin fue el mejor de la tabla general de Lifi. El “Tabo”, que siempre priorizó la parte humana, se llenó de gloria.

04 de diciembre de 2013 a las 10:28 a. m.
Taborín, el campeón del silencio en la Lifi
El "Tabo" logró por primera vez llevarse el máximo trofeo de la Lifi.

De bajo perfil, callado, siempre caminó en la sombra. Jamás se desvivió por los títulos y reconocimientos. Prefirió cientos de sonrisas auténticas y no un puñado de alegrías a cambio de numerosas caras largas.

Su objetivo no fue -ni lo será- ganar al precio que sea, y por eso el logro tiene un sabor especial, distinto, único. El Gabriel Taborin, casi sin proponérselo, se quedó por primera vez en su historia con el primer puesto en la tabla general y fue el gran campeón del torneo clausura de Lifi.

Basta con viajar al semestre anterior para confirmar que la gloria no llegó de casualidad: sólo cuatro unidades separaron al “Tabo” del reinado del torneo apertura. Esta vez, los 80 puntos fueron imposibles de alcanzar y el Gabriel Taborin, uno de los colegios fundadores de la Liga Intercolegial de Fútbol Infantil, está de fiesta.

Imborrable. Cuando Santiago Quelas (10) tenga que pedir el regalo de Navidad, seguramente notará que le sobra un deseo. Es que aquella eterna última fecha ante el León XIII, en casa ajena, fue un sueño cumplido que -a Dios gracias- le costará olvidar.

“Fue algo muy lindo haber salido campeones. El mejor partido fue el último, porque encima me tocó jugar de delantero y hacer un gol”, larga el hincha de Talleres y River mientras se le dibuja en el rostro una sonrisa. “Estaban todos. Necesitábamos los puntos, así que un equipo terminaba su partido y se quedaba a ver la categoría siguiente. Fue hermoso”, asegura Edgar Lucrezio, el profesor que coordina la flamante Lifi A junto a Diego Greenway.

"Para mí, también. Del que más me acuerdo es del último partido porque ahí festejamos todos y no sólo un equipo", agrega Jerónimo Carballo (11), quien marcó nada menos que tres goles en el último juego y, además, juega en Barrio Parque.

Sin querer… queriendo. Aunque la rotación de jugadores y el compañerismo fueron banderas irrenunciables, hace rato el Taborin viene haciendo mérito para gritar campeón.

“Este año nos construyeron canchas de césped sintético que fueron muy importantes y una gran inyección anímica. Nunca nos fijamos el objetivo de ser campeones, pero se nos dio”, sostiene Lucrezio.

Tampoco aquellos que entraron al campo de juego se cegaron sólo por ganar. "Lo lindo de Lifi es que te hacés muchos amigos. Y no sólo en tu \'cole\': yo, por ejemplo, me hice amigo de chicos del La Salle mientras jugábamos", argumenta Quelas. "Sí, es verdad. A mí me pasó lo mismo con los del Santo Tomás", confirma Carballo.

Miran hacia adelante y lo primero que ven son tres palos, una red y una pelota que los llama. “El día de mañana, yo quiero jugar al fútbol”, dice Carballo. “Mi sueño es llegar a Primera aunque sea. No me imagino haciendo otra cosa”, confiesa Quelas, quien ya tiene otra elección si su anhelo de ser jugador de fútbol queda trunco: “Y bueno. Si no se puede, seré director técnico”.