Sudáfrica 2010: Tapando las vuvuzelas
Los hinchas argentinos alientan tanto que sus incansables cantos le ganan a las insufribles vuvuzelas.
Polokwane. ¿Y qué es Argentina en un Mundial, con tanta sangre caliente y tanto sueño vibrante? Son las lágrimas de la familia de Martín Palermo, que llegan desde Polokwane a todo nuestro país. Es una emoción tan profunda que nadie puede resistírsele mirándolo en el mismísimo estadio; ni nadie quiere hacerlo. A veces, como anoche, el fútbol tiene el sentido justo de la vida.
Argentina también es "el Tula" sacándose fotos en un bar en el que pasan la Bersuit por los altoparlantes y en el que se vende cerveza nacional. Y es ese pibe que le explica a un periodista sudafricano que el viejo bombisto es un personaje de nuestro país que va "mucho a la cancha de Boca", que ha pasado por todos los mundiales y que lleva la foto de Perón adonde vaya.
Y Argentina también es un choripanero sudafricano que prepara los sándwiches con chorizos y pan blanco como en casa (receta traída de Córdoba). Un choripanero, medio borracho, bien afrikaner, que quiere "matar negros" pero que antes deberá atender al que le grita: "Dale, apurá ese chori, papá".
Y Argentina es Dalma Maradona firmando autógrafos a medio mundo (no es Diego, pero tiene su ADN). Es la hija del DT, conductora de televisión y actriz en actividad. Estampa su apellido con un fibrón negro; y ese rayón se convierte en una joya que cotiza hoy más alto que el oro de Johannesburgo.
Argentina es esa señora rubia, de pelo teñido, que canta que el que no salta “es un inglés”, y se ríe pícara.
Es ella y los 20, 30, y siguen sumándose, muchachos de la popular, que entonan las canciones que todos sabemos debajo de la tribuna principal del estadio Peter Mokabe hasta poner al universo a fotografiarlos para siempre.
Argentina es el pelado de Independiente que le da al bombo parado sobre dos de las butacas naranjas del estadio. Parece un barra; es un barra. Y es también el que le pide a los demás que “canten, que vamos a ganar”.
Y Argentina es una hinchada capaz de tapar a las vuvuzelas con su canto, de poner a esas máquinas infernales del ruido por detrás del aliento más potente que pueda tener un equipo en este Mundial.
Argentina son los cientos de gargantas (la del "Tula", la de Dalma, la de la señora, la del pelado) que siguen cantando cuando ya hace media hora que terminó el partido, que ganó Argentina con goles de los dos Martín, y que no dejan escuchar las respuestas del DT de Grecia, Otto Rehhagel, que sólo piensa en irse a su casa y no quiere saber nada de hablar sobre el partido.
El Mundial parece unir todos esos pedazos que es el país hasta convertirlo en un pastiche único e irrepetible. Son todas las diferencias, las analogías, los personajes, las voces, los impresentables.
Es Argentina en el Mundial, con Maradona, Messi, Palermo, la foto de Perón, los afrikaners, los negros y el triunfo.