Sudáfrica 2010: Corea del Sur y la hinchada más pequeña del mundo
El debut de los norcoreanos ante Brasil mostró en la tribuna una especie de ejército a las órdenes del equipo.
Johannesburgo. Todos con sus camperas y sus gorras rojas, bufandas y una pequeña bandera en la mano derecha. Todos moviendo el banderín hacia adelante y hacia atrás, en un movimiento mecánico regular. Todos gritando, aplaudiendo, callándose al mismo tiempo, manejados por una fuerza superior. Un ejército al servicio de la selección de Corea del Norte, ubicado en una de las plateas del Ellis Park. La vanguardia comunista de 300 privilegiados que han llegado al Mundial.
“Estamos desilusionados por la derrota, pero seguiremos alentando a nuestro equipo”, fue la traducción que hizo un periodista de Corea del Sur sobre los dichos de Kim Youn Cmon, de 46 años, hincha norcoreano. La cadena de traducción que permitió conocer a los hinchas que estuvieron el martes en el estadio pasó de un dialecto coreano al inglés, luego al español y en algunos casos al portugués.
Los norcoreanos no querían (¿no los dejaban?) hablar. Aunque nadie allí conociera su idioma, cuando los periodistas los abordaban, indicaban que no entendían y se desentendían de la cuestión. "No, no", susurraban.
“Estaremos aquí mientras dure la participación de Corea en el Mundial. Estamos con el equipo, alentándolo”, dicen que dijo Cmon, el único parlanchín.
De los 300, unos cuatro llegaron desde Japón, unos pocos más desde Namibia y el resto desde Pyongyang, la capital de Corea del Norte. “En Namibia, como en otros países de África, el gobierno de Corea está invirtiendo en obras. Ellos son obreros de la construcción que trabajan allí y que ahora han llegado a Sudáfrica”, explicó el improvisado traductor.
"Nuestro gobierno pagó los viajes", fue la última frase del amigo Cmon. A esa altura, varios periodistas sudafricanos e ingleses querían saber más. Uno le pidió al traductor que preguntara si "eran libres". Y el periodista pareció hacerle caso. Pero jamás explicó qué respuesta recibió. "Esas preguntas son políticas y no corresponde que las haga", explicó. "No se aceptan preguntas políticas", había dicho ayer un funcionario de la Fifa cuando el DT, Kim Jong-hun, estaba en conferencia de prensa. Sintonía pura.
Fue todo. Los coreanos no quisieron más preguntas. Se sentaron uno al lado del otro y volvieron a alentar. Todos juntos, moviendo los brazos, sacudiendo la banderita. Hasta que llegó el gol rojo, los gritos, las sonrisas en rostros profundos y extraños.
Yun Nam Ji había marcado ante Brasil y la pequeña hinchada levantó los brazos en una señal de ofrenda. Se sabe: allí todo se dedica a su presidente, Kim Jong-il, a quien cualquier cosa que pase en el Mundial será para que su "gran líder sea muy feliz...".