Sudáfrcia 2010: manos apuradas
A sólo una semana del comienzo del Mundial, la imagen de operarios trabajando contrarreloj se repite. Autopista, estadios y alrededores, aún están en "veremos". Además, se percibe un conflicto económico para el día después de la gran cita del fútbol.
Pretoria. Grandote, tirando a obeso, el morocho de campera naranja, gorro oscuro y overol azul está arrodillado en medio de la autopista que une Pretoria con Johannesburgo. Sin importarle nada que a pocos centímetros de él pasen autos que viajan a más de 100 kilómetros por hora, el hombre intenta medir qué distancia hay desde la banquina hasta el centro de la ruta, para marcar por dónde debe pintar la línea divisoria blanca. Está solo, aunque apoyados contra el muro de protección de la autopista varios de sus colegas le hagan el aguante con las manos en los bolsillos y aire despreocupado.
La imagen de uno o dos operarios trabajando y varios haciendo la hinchada, muy parecida a algunas que se ven en las calles cordobesas, se repite dos, tres, cuatro, cinco veces, en los 58 kilómetros que hay entre la apacible Pretoria y la impactante Johannesburgo. Es que a una semana del inicio de la Copa del Mundo, Sudáfrica, al menos en esta región, la más rica del país y donde está la ciudad más importante, todavía hay obras en veremos, que van desde simples tareas de demarcación hasta la finalización de puentes o accesos.
Con tránsito normal, como puede ser a media mañana, y sin considerar las pequeñas contingencias que para los argentinos acarrea manejar desde la derecha, los casi 60 kilómetros transcurren en menos de una hora, entre modernos autos, (predominan los japoneses y alemanes), que se desplazan sin excesos, pese a que los controles no se hacen notar. La policía sudafricana, visible con vehículos último modelo pintados de verde y blanco, está ahí, atenta, pero pasiva, casi sin intervenir. Un detalle: en zonas como Soweto, predominan los agentes negros.
Ante tanta monotonía sólo interrumpida por los acordes de una música pegadiza y de ocasión mundialista que propala la radio, es imposible no reparar en la cantidad de barrios cerrados que circundan la vía rápida, todos rodeados de altos muros, la mayoría de los cuales termina en intimidantes rollos de alambre de púa, como para disipar cualquier idea usurpadora. Y a medida que Johannesburgo asoma imponente después de tantas construcciones bajas de color ladrillo, emergen los anuncios publicitarios, entre los cuales se destaca el "Write your future" (escribí tu futuro), que con la imagen de Cristiano Ronaldo envuelve un alto edificio. En las marquesinas se sucedieron los Springboks, Andrea Bocelli, Kaká, Rooney, otra vez Cristiano... Las torres de iluminación de la autopista embanderadas con los colores de los países participantes es otro detalle que anuncia que el colosal Soccer City está cerca. En el reparto, la celeste y blanca de Argentina se codea con la roja y blanca de Dinamarca.
Y después de las banderitas, un cartel lleva una leyenda no muy comprobable: "Joburg is ready". Es que Johannesburgo (coloquialmente sus habitantes la llaman Joburg) no parece estar tan lista como reza la propaganda. Y eso se puede constatar en los alrededores del Soccer City, el estadio de casi 95 mil personas donde el próximo viernes se jugará el partido inaugural entre Sudáfrica y México y donde Argentina enfrentará a Corea del Sur en la segunda fecha. Cientos de periodistas y gente de la organización caminan entre máquinas que alisan la tierra antes de taparla de pavimento. Demasiada obra a las apuradas a tan pocos días del debut, lo que muestra que Sudáfrica llega con los tiempos justos. Y, además, preanuncia algunos conflictos para el día después del Mundial. Incluso, el viernes el diario Pretoria News, en una edición que abrió con una magnífica foto de Mandela junto a la selección local (Madiba Magic tituló), hace referencia al conflicto por la falta de pagos en la construcción del estadio local Loftus Versfeld. Otro indicio de que la fiesta dejará resaca, pero que puede ser no sólo por una gran alegría.