Soriano sensación
Hermanos mellizos, ilusión gemela. Los delanteros cordobeses brillan en Atlanta, el equipo con más gol del fútbol argentino.
De chiquitos los mellizos Abel y Andrés Soriano ya hacían de las suyas en el colegio Padre Sebastián Raggi y en las inferiores de General Paz Juniors, el club de sus amores. El destino los fue uniendo y separando hasta juntarlos hoy en Atlanta, el líder indiscutido de la Primera B Metropolitana. "El Bohemio" está a un paso de ascender a la B Nacional y los principales responsables son estos dos delanteros cordobeses, que suman entre sí 29 goles en esta temporada.
"En Buenos Aires, lo nuestro tiene una repercusión muy grande y estamos viviendo un momento soñado. Somos punteros, goleadores y el equipo está muy sólido", señala Andrés, que es el máximo artillero del torneo con 17 tantos. "Acá en Atlanta conseguimos tener continuidad juntos y eso es clave. En Belgrano nunca la tuvimos", remarcó. Abel también está feliz, pero con los pies sobre la tierra: "Faltan 11 fechas y aún no ganamos nada".
–¿Cómo es compartir la delantera con tu mellizo?–Es una gran ventaja. Sabemos qué piensa uno del otro en el acto. Apenas él agarra le pelota ya sé lo que va a hacer. (Abel)
–Es un plus jugar con Abel. Nos conocemos desde la panza y con sólo mirarnos ya sabemos qué piensa el otro. Por suerte la sociedad hasta el momento viene dando sus buenos réditos. (Andrés)
–¿Qué recuerdos tienen de su paso por Córdoba?
–Yo siempre me acuerdo de Juniors y de Newell’s de Laguna Larga. Son los dos clubes que más quiero. Siempre averiguo cómo les fue. (Abel)
–Yo debuté a los 17 años en la primera de Juniors y algún día espero que me vuelva a tocar jugar ahí. Soy hincha a muerte, aunque uno es profesional y sabe diferenciar. (Andrés)
No sos vos, soy yo
Si bien los Soriano no son gemelos, su parecido físico siempre causó confusión desde niños. “Hace un tiempo en cancha de Los Andes el DT cuando me reemplaza me dice que por dos pelotas que había perdido, el rival armó contraataques. En realidad perdí sólo una; la otra la perdió Andrés. Y la ligué yo”, contó Abel. “Al día de hoy hasta mi viejo y mi vieja se equivocan. Las únicas que nos distinguen bien son mi novia y su mujer”, agrega Andrés, quien ahora usa una vincha blanca en los partidos para diferenciarse de su hermano. “Los compañeros de Atlanta ya nos identifican bien, pero los primeros días se hacían un quilombo bárbaro. Es normal y no jode que nos confundan”, explica Andrés, cuyo pase pertenece a Belgrano (está a préstamo en Atlanta), y también jugó en Deportivo Cuenca y Espoli de Ecuador.
–¿La clave de Atlanta?
–Tenemos un equipo sólido y todos tiramos para el mismo lado. La confianza que nos dieron a mí y a mi hermano también es importante. (Abel)–Lo más importante es el grupo. Pasé por muchos clubes, pero tener un grupo así me había pasado sólo una vez: el Belgrano de Ramacciotti tenía un material humano fantástico, como Atlanta. Me acuerdo que estaba lesionado y entré con (Ernesto) Maceira en muletas a festejar al vestuario. (Andrés)

