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El show del fútbol... y el eterno retorno de los barras

Santa Fe recibió a la selección con un estadio lleno, muchísimas entradas falsas y la presencia de Hinchadas Unidas Argentinas. Otra vez, el folklore de los privilegios, la convivencia con el poder y la impotencia de la gente. Los policías se quedaron sin

07 de julio de 2011 a las 01:34 a. m.
Federico Giammaria, enviado especial a Santa Fe
El show del fútbol... y el eterno retorno de los barras

El pequeño Ezequiel miraba atónito al policía que, anoche, hablaba con su mamá. "Es la única oportunidad en su vida que tendrá de ver algo así… Por favor, déjelo entrar", le rogaba la mujer al comisario, que ni se mosqueaba. Imposible que el niño, discapacitado, entrara. "Estamos desbordados señora, no puede pasar nadie más", le explicaba.

Pero sí entraban varios más. Con camperones celestes, con el "Hinchadas Unidas Argentinas" (HUA) estampado en la espalda, con la impunidad de los poderosos, cientos de barras pasaban los controles en el estadio de Colón, como quien va del living al comedor de su casa. Mientras, contra las rejas negras del playón, otras miles de personas se apiñaban sin otra alternativa que esperar.

Esperar para que, una vez cruzado el primer control, el personal de Ticketek (la empresa encargada de la venta de entradas; famosa ya por sus desmanejo en Córdoba) chequeara la entrada con un lector de código de barras. "Es falsa, lo siento. No puede pasar", le decía Karem a una chica de unos 30 años después de detectar la falsificación. "Andá a hacer la denuncia a la comisaría". Abrigada con una bufanda de las que venden en la calle, la chica comenzó a llorar mientras un supervisor la corría hacia un costado, sin miramientos.

“Es impresionante la cantidad de ticket falsos. No sólo son los más audaces… Incluso familias enteras no dejamos pasar”, explicaba Karem a este cronista. Pero, ¿y con los barras? “Nos dieron la orden de que, en el caso de que se armara una avalancha y quisieran entrar en ‘malón’, nos hiciéramos a un costado, que no pusiéramos el cuerpo”, explicó.

No hacía falta que la menuda mujer se corriera. Los muchachos de “Hinchadas Unidas” superaban los controles por una puerta lateral por la que, además de ellos, ingresaban autoridades y dirigentes. Y todos con entradas verdaderas. “¡Qué increíble que pase esto!”, se quejaba un voluntario mientras observaba cómo seguían pasando sin parar. “Me dijeron que son los mismos hinchas de Colón los que venden los tickets falsos acá afuera”, comentaba. Negocio redondo.

A las 21, el comisario inspector Carlos Chelini pedía ayuda por su handy. "No cabe más nadie y siguen entrando. O vendieron de más o entraron con tickets falsos", se lo escuchaba decir. "¿Y qué van a hacer?", le preguntamos frente al acceso Norte. "No podemos negarles el paso a los que tienen su ticket", decía resignado. Pero, ¿y los barras? "Nos avisaron que iban a ingresar por una puerta lateral ¿Quién? No sé, sólo cumplo órdenes", se sinceraba. El estadio Brigadier Estanislao López explotaba, y ya no quedaba lugar para los débiles. A fuerza de contactos, poder y entradas, hasta una delegación de cordobeses se hizo presente para acompañar a la selección.

Los demás, los que tenían un ticket en la mano y esperaban por su lugar en el mundo, miraban mientras eran empujados por la Infantería de Santa Fe. “Qué querés que le haga. Cumplo órdenes”, le respondía un policía joven, pelo al ras, a un flaco de anteojos que pedía un poco de paz. Como en el Mundial de Sudáfrica, los barras de las “Hinchadas Unidas” volvieron a estar junto a la selección. Uniformados de celeste, dueños absolutos de una porción del folclore del fútbol nacional.

“Sí, los muchachos se volvieron a organizar”, le había dicho a Mundo D Marcelo Mallo, mentor de las HUA, puntero político del kirchnerismo y responsable del viaje a Pretoria. “No es que se rompió nuestra relación con Hinchadas Unidas. Pero alguno hizo algún acuerdo con De Narváez. Hace tiempo que no estoy con ellos”, cerró.

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