Sergio Pezzotta habló sobre el apriete en River-Belgrano
Hace más de dos años del apriete al árbitro en la promoción. La causa penal sigue abierta.
Sergio Pezzotta niega que en su carrera de referí haya un antes y un después de aquella reválida-promoción del 26 de junio de 2011, que selló el inédito descenso de River Plate y el histórico ascenso de Belgrano en el Monumental de Núñez.
“En lo profesional no me cambió en nada. En lo personal, sí tuve que tomar algunas precauciones. A mi familia la tuve que sacar”, cuenta el árbitro rosarino, de 45 años, quien el sábado pasado estuvo en Córdoba en el empate 2-2 entre Talleres e Independiente, por la 10ª fecha de la B Nacional.
De elegante ambo azul, Pezzotta, juez internacional desde hace 13 años, recorría el campo de juego del “Kempes” –allí dirigió su primer partido en Primera: Talleres 2-Estudiantes 0, el 5 de abril de 1999– cuando Mundo D lo interceptó para consultarle sobre el caso que lo tuvo como protagonista hace dos años y tres meses en los pasillos internos del estadio “millonario”, donde fue amenazado con el propósito de que evitara la caída al abismo del equipo de “Jota Jota” López.
"Nunca hablé públicamente sobre aquel episodio", aclara de antemano, pero acepta el diálogo informal. Reafirma que a pesar de algunos errores puntuales que cometió en aquel partido (concretamente, el penal de Claudio Pérez a Leandro Caruso que no sancionó), él no se siente culpable de la debacle riverplatense, y fija su posición respecto al hecho delictivo que derivó en una acción que todavía sigue aguardando una resolución en Tribunales.
"Estoy al tanto de cómo marcha la causa. No es una denuncia mía. Me llamaron a declarar cuatro veces y simplemente conté lo que sucedió. Lo que dije fue lo que figura en el expediente y luego trascendió por los medios", enfatiza Pezzotta.
Se refiere a su testimonio sobre la actuación de un grupo de barrabravas, integrantes de la facción “Los Borrachos del Tablón”, en el camarín que compartía con los asistentes Javier Uziga y Francisco Noguera y el cuarto árbitro Mauro Vigliano: “Ponete las pilas. Hacé cualquier cosa, cobrá un penal, porque si no ganamos, de acá no salen”.
Un entramado complejo
Consumado aquel descenso tan temido, River y Pezzotta jamás volvieron a coincidir. Desde entonces, el conjunto de Núñez disputó 85 partidos, incluyendo las 38 estaciones de su Vía Crucis en la B Nacional, y todo indica que el equipo que hoy dirige Ramón Díaz y el referí continuarán transitando por caminos paralelos.
La herida sigue abierta, como la causa penal que pocos días después del hecho se abrió por una denuncia de Gustavo Lugones, por entonces a cargo de la Unidad de Coordinación de Seguridad y Prevención de la Violencia en Espectáculos Futbolísticos, organismo dependiente del Ministerio de Seguridad de la Nación.
En marzo pasado, la jueza Karina Zucconi cerró la instrucción pidiendo la elevación a juicio del caso que involucra a cinco barrabravas, un exdirectivo, dos allegados al presidente Daniel Passarella, dos responsables de seguridad y un policía.
Por sorteo, el expediente quedó en manos del Tribunal Oral 22, presidido por la doctora Patricia Cusmanich e integrado también por los jueces Gabriel Nardiello y Sergio Paduczak.
A todos los involucrados, sindicados como partícipes de un complejo entramado de relaciones cada vez más frecuente en el mundo del fútbol, se les imputa “amenazas coactivas”, delito que conlleva una pena de seis meses a dos años de prisión, y que puede incrementarse en un tercio por la aplicación de la Ley del Deporte.
De todos modos, el debate oral y público sigue en veremos. Cuando estaba a punto de fijarse su fecha de inicio, los defensores de los imputados jugaron una última carta y pidieron la suspensión del juicio a prueba. Este beneficio, más conocido como probation, puede aplicarse en el caso de delitos castigados por reclusión o prisión de menos de tres años. En estos casos, el imputado se hace cargo de la reparación del daño sin que esto implique confesión o reconocimiento de la responsabilidad civil correspondiente.
Desde la fiscalía ya le bajaron el pulgar a esa alternativa, pero esta manifestación no es vinculante. “Ahí está trabada la cuestión”, apunta Guillermo Marconi, secretario general del Sindicato Argentino de Árbitros de la República Argentina (Sadra), que tiene a Pezzotta entre sus afiliados.
"Es muy factible que se haga lugar a ese último pedido. Yo estimo que antes de fin de año tendría que haber una definición", agregó Marconi, quien también es abogado y periodista.
Las cámaras de seguridad de River no dejaron dudas. Por la calidad y cantidad de involucrados, se trata de un caso testigo. ¿Habrá castigo o impunidad? Cuando la charla con Mundo D se detiene en sus expectativas, Pezzotta ensaya una mueca, se encoge de hombres y dice: “Que sea lo que tenga que ser”.
