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La selección tiene un tridente con luz propia

Primeros pasos rumbo al Mundial 2014. Sin el orden y el equilibrio que pregona su entrenador, la Argentina de Alejandro Sabella aprobó su primer examen en las eliminatorias sudamericanas. Al brillo lo aportaron Higuaín, Messi y Di María.

09 de octubre de 2011 a las 08:30 a. m.
Hugo Caric
La selección tiene un tridente con luz propia

El objetivo se cumplió con creces. El seleccionado argentino de fútbol empezó con el pie derecho su camino hacia el Mundial de Brasil 2014, y lo hizo con una goleada ante un exigente examinador.Gonzalo Higuaín, Lionel Messi y Ángel Di María, en ese orden, fueron los grandes responsables del 4 a 1 ante Chile, el viernes pasado en el Monumental.

El precepto de parar un equipo ordenado y equilibrado, básico en el pensamiento del entrenador Alejandro Sabella, esta vez no se cumplió. Quedó en evidencia que, por el momento, lo individual supera a lo colectivo en esta etapa de transición.

Mostró dos carasEl ataque y la defensa fueron las dos caras de la moneda. Cuando Messi asumió el liderazgo futbolístico (aunque sólo lo hizo de a ratos), el equipo tuvo vértigo y explosión. En muchos pasajes "la Pulga" encaró rivales en velocidad, como acostumbra hacerlo en Barcelona, pero siempre tuvo la opción de descarga en Higuaín y Di María, y también sacó provecho de ello.Además de cortar la racha de 16 partidos oficiales sin convertir en la selección (su último gol había sido el 28 de marzo de 2009, en el 4-0 a Venezuela por eliminatorias sudamericanas en el Monumental de River), el capitán se ganó el reconocimiento de la gente.

El desequilibrio del trío ofensivo albiceleste hizo pensar que, aunque digno, resultó demasiado osado, casi suicida, que la selección chilena se plantara con tres defensores en la cancha de River."El Pipita" fue el punto más alto del equipo, con tres goles y una asistencia, y abriendo espacios permanentemente con la pelota en sus pies y sin ella. El atacante se entiende a la perfección con Di María, su compañero en el Real Madrid, y con Messi llevan 16 partidos juntos, en los que anotaron 17 goles entre ambos.

Con Sergio Agüero, Rodrigo Palacio y hasta Carlos Tevez en lista de espera, Sabella puede estar más que tranquilo con la materia prima que tiene para armar su estrategia ofensiva. Su gran desafío, en todo caso, será corregir los desacoples defensivos que los chilenos, más allá de su saludable vocación de ir al frente, no supieron aprovechar.

A esa última línea hace rato que le está faltando un líder, alguien que pegue un par de gritos y ordene a los demás. El juego aéreo es un problema difícil de resolver, y la espalda de los laterales, una tentación para animarse. Ese incumplimiento de la premisa básica de defender hace que por ahora suene pretencioso exigir, por ejemplo, más proyección o juego en Pablo Zabaleta y en Marcos Rojo.

El medio fue pura presión

Un párrafo aparte merece la actuación del mediocampo argentino, donde José Sosa terminó insinuando más de lo que hizo, porque nunca encontró un lugar para hacer valioso su aporte, y donde Ever Banegas y Rodrigo Braña se destacaron por su combatividad.

La actuación del doble “5” fue clave para la recuperación de la pelota, aunque tanto el ex Boca como “el Chapu” apelaron en forma recurrente a la infracción. El retorno de Javier Mascherano, ausente por suspensión en el debut, seguramente le dará más claridad al quite y a la entrega del balón.

En la mitad del terreno de juego, la presión fue el objetivo, más que la posesión. Sin tantos toqueteos, el equipo argentino apostó por una transición rápida que, en uno o dos toques, dejara a los delanteros mano a mano con los defensores contrarios. Faltó lucimiento, pero hubo decisión.

"Pastore, Pastore", cantó el público en algún momento, pero no hubo mayores reclamos por la presencia en cancha del cordobés ex Talleres. A cambio entraron Fabián Rinaudo y Jonás Gutiérrez, dos utilitarios. Con Sabella en el banco, se sabe, no hay que hacerse demasiadas ilusiones con la posible inclusión de un enganche.

Se ganó y no es poco. Ahora viene Venezuela, ¿otra vez con un 4-4-2 o el 5-3-2 que prefiere el entrenador? Mientras haya jugadores con luz propia, el brillo del equipo puede esperar.

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