Selección de puertas abiertas, sana intención
El cambio en la selección argentina no sólo debía operarse desde el juego y su organización, sino también puertas afuera. Eran inaceptables las imágenes de Lionel Messi rodeado por cuatro protagonistas y a 40 metros del arco, y que muchos de esos históricos como él aceptaran esa táctica injusta y desorganizada por el sólo hecho de seguir jugando porque Messi los elegía. Sí, aquel famoso “Messi y 10 más”. Ni hablar de esa imagen de Jorge Sampaoli compartiendo la conducción del equipo y su formación con los históricos, al punto de acercarse a la línea de cal para ver en qué momento debía entrar uno durante el Mundial.
Esa selección de unos pocos también lo era fuera de la cancha. Una apropiación tal que hizo olvidar a muchos de sus integrantes de que estaban representando a una selección. Aún se recuerda el desaire de ese equipo que perdió contra Paraguay por eliminatorias, en 2016, cuyos jugadores, por la derrota y algunos silbidos, se fueron sin saludar. ¿Cómo se le niega el saludo a la gran mayoría de la concurrencia que vio un espectáculo espantoso y todavía seguía aplaudiendo como si hubieran ganado?
Es más, antes de aquel juego, “el Pato” Gasparini debió esperar un par de horas para poder entrar al hotel de Salsipuedes para darle un abrazo al “Patón” Bauza, su excompañero en Central, entonces DT de la selección. Le pasó a él como a varios exjugadores.
¿Cuánta seguridad para separar a los jugadores... de la gente? ¿Cuánta gente se apiñó para establecer una mínima comunicación verbal o no verbal (quizá un guiño, levantar una mano) con sus ídolos, algunos de aquellos sin un peso para las entradas, pero con la voluntad de ir a ver al jugador que los representa? Ni hablar de ver una práctica. Por qué romper así uno de los pocos vínculos genuinos que hay en el fútbol: el de la gente con los jugadores.
De ahí también hay que volver. Por eso, más allá de quién o quiénes se hayan hecho cargo de este intento de "hacer sentir parte" a la gente de la selección, resulta auspicioso. Ver una práctica a puertas abiertas en Instituto, a Dybala agradecer por altoparlantes y a sus compañeros acercarse al alambre para que casi todos tuvieran su selfie. La visita al Hospital de Niños para sacarles una sonrisa a los más pequeños que pelean cara a cara con la muerte. ¿De qué y de quién había que proteger a la selección? ¿De esos menores? ¿Del cariño? Que viva este cambio.
Así podremos volver a ser “el equipo de todos”. Enhorabuena.