Se cumple la primera semana del Mundial: Brasil lo está haciendo bien
Luego de la primera ronda de partidos, el Mundial deja atrás los pronósticos pesimistas. La organización responde bien, los partidos han sido (casi todos) espectaculares y el gobierno respira.
La Copa del Mundo de Brasil comenzó a jugar su segunda ronda de partidos. Ayer, la "canarinha" se presentó otra vez y empató con México, lo que significó el segundo partido ya de grupos. A punto de cumplir su primera semana, por estas horas muchos respiran aliviados. Sobre todo el gobierno federal, que ve cómo la organización está dando respuesta para casi todo y la expectativa popular crece (o, al menos, no mutó en más críticas). Si la fase inicial iba a ser la gran prueba para Dilma Rousseff, más allá de lo ocurrido el primer día en el Itaquerao con los cantos contra la presidenta, la cosa pinta más que bien.
Las calles de San Pablo y de Río de Janeiro han mostrado todas sus caras. Mucha, muchísima gente durmiendo a la intemperie, rodeada de paredes con pintadas contra la Fifa y el Mundial. Es la escenografía que ven los que llegan a las ciudades más grandes de Brasil. Eso en el centro. Y más lejos, en la periferia, se repiten las protestas de los "blacks blocks" (manifestantes vestidos de negro, para no ser reconocidos por la Policía) y otros grupos de activistas que cada día siguen teniendo su lugar, aunque nunca han llegado a ser ni la mínima parte de aquellas puebladas de 2013.
Los problemas están a la vista: las entradas y salidas de las ciudades están rodeadas de favelas gigantes, la inflación crece y la industria sufre contracción. Pero los brasileños de a pie no han boicoteado la Copa. Al contrario. Muchos reconocen una actitud crítica por el gasto millonario para construir estadios, pero en ningún momento juegan en contra.
La amabilidad y la voluntad de los implicados en la organización y también de los que siguen su vida diaria ha suplido la falta de información, o algún detalle de infraestructura que se ha presentado. Todo es "para adelante".
Este martes, el diario Folha de S. Paulo cita a un integrante de la cúpula de campaña de Dilma. Según el testimonio, después de los silbidos contra la mandataria en el Arena Corinthians, el ambiente "comenzó a cambiar y, en este momento, es positivo". Es que los políticos también juegan su partido. Si bien en octubre habrá elecciones para presidente, los opositores son fieles "torcedores" de la selección y a la hora de hablar del Mundial, prefieren ser cautos y destacar lo positivo de la Copa del Mundo. Eso sí, el expresidente Lula no dejó pasar los cánticos contra Dilma y afirmó que en San Pablo, los que la silbaron eran parte de una "elite predispuesta".
Este enviado de Mundo D vivió el último Mundial, jugado en Sudáfrica en 2010, y los Juegos Olímpicos de Londres 2012. Desde esa experiencia, se puede afirmar que Brasil lo está haciendo muy bien. Su puesta en escena supera los pronósticos más pesimistas y tiene a los extranjeros con buena cara y muy entretenidos.
No sólo en cuestiones de organización (el transporte no ha tenido mayores dificultades, la seguridad parece controlada y los precios son “casi” razonables), sino también cuando se habla de fútbol. Es que la media de goles por partido ha sido, el comienzo, la más alta desde 1998 en Francia. Los partidos son muy atractivos y los estadios se han mostrado repletos; un marco que va de la mano con el imaginario colectivo cuando se piensa en una Copa en este país.
En el Mundial de Francia 1998 la Fifa decidió aumentar la cantidad de países que participarían en el torneo: llevó la cifra a 32 y ese año, en los primeros 14 partidos de la primera vuelta, se habían convertido 34 goles (2,43 por encuentro). Sin contar los tantos de los partidos de ayer, la cifra era mayor: 44 goles (3,14 de media).
Está claro: la suerte de la selección local también acompañará este proceso que, en cada ciudad, se da de manera diferente. No es lo mismo la frialdad de San Pablo que la amistad de Río de Janeiro o el calor de Natal. En todo caso, serán las victorias o las derrotas las que terminen de darle a la Copa del Mundo su perfil final. Por lo pronto, Brasil viene ganando fuera y dentro de la cancha.