Sampaoli: ser y parecer, en la vida y en la burbuja del fútbol
Una opinión sobre la situación que vivió el DT de la selección nacional.
El "¡Boludo, ganás 100 pesos por mes, gil!" de Jorge Sampaoli no sólo se trata de una expresión inaceptable, sino que abre la puerta para poder analizar a la burbuja en la que viven muchos protagonistas top del fútbol, una especie de mundo en el que sus talentos potencian el porvenir, a la vez que les confieren determinados "poderes". Por caso, el de conducir un vehículo con más ocupantes de lo permitido o el de proferir semejante agravio a un funcionario municipal o a los policías que practicaban el control, como le ocurrió al DT de la selección argentina.
"Cuando sos jugador o DT, no dejan que te ocupes de nada. ¿Tiene fiebre tu nene? Te mandan el médico. ¿Querés mudarte? Te ponen en contacto con la inmobiliaria y te llevan casa por casa. Si te cobran una multa, podés insultar al inspector o al policía, si es un control caminero. Total, alguien te la va a borrar. Cuando ya no sos nada, empieza la vida", supo decirnos un exdefensor de nuestra selección con pasado en River. Y era muy top.
Más allá de las adhesiones y broncas del caso, ese mundo existe y se ofrece. Está en el protagonista la elección. Sampaoli entró a la burbuja de esa impunidad que le ofrece el cargo que ocupa.
Ser el DT de la selección implica que debe parecerlo. No sólo dentro de la cancha, con sus jugadores, sus tácticas y a la hora de fijar sus remuneraciones actuales y futuras, sino, también, fuera del césped. Sampaoli no debe olvidarse de que representa al seleccionado argentino. A un país. Que sus palabras y sus actos, como el de los jugadores, a veces, tienen más peso que el de un funcionario público. Al menos en este país.
El día de mañana, si la selección logra ser campeona del mundo, será un ejemplo por seguir, en todo lo que haga, porque el éxito así es de soberano. Es más, ya está legitimado. Alguna vez, Marcelo Bielsa dijo que era “mejor que él”, y su trabajo lo llevó a la consideración de la conducción actual de la AFA como la gran apuesta para un cambio en nuestra selección. Con este hecho, subieron a escena otros juicios de valor que estaban tapados. Hace tiempo, Claudio Borghi definió a Sampaoli como “fantástico” en lo profesional y “un desastre en lo humano”.
Ahora, Sampaoli vive ese fenómeno en el que las líneas que separan lo profesional y público de lo privado, con todo lo que ello implican, desaparecen. Todo es importante y también se difunde. Casi en tiempo real.
Está claro que cualquiera se puede equivocar, pero el pedido de disculpas del DT debió ocurrir minutos después. Sin embargo, llegó varias horas más tarde y por terceros. “Quiero pedir especiales disculpas al oficial al que agredí verbalmente. Lo haré individualmente, como ya lo hice con la Municipalidad de Casilda. El salario no representa las cualidades ni el valor de ningún ser humano. Así como lo que dije no se encuentra en mis valores, pedir disculpas sí. Así que pido perdón a la sociedad por este mal ejemplo”, manifestó el entrenador, a través de un comunicado oficial de la AFA, sobre el incidente con Federico Censi, secretario de Prevención y Seguridad Ciudadana de Casilda –ciudad natal del DT–, y quien estuvo a cargo del control caminero junto a varios agentes. Sampaoli debería celebrar que su inconducta se dio en este país. En otros, ya sería un desocupado. Es más, la obligación de ser un ejemplo y no poder serlo es una carga insoportable que lleva a los protagonistas a dejar el cargo. Porque para ser, también hay que parecer. Así debe ser en la vida y, por qué no, en la burbuja del fútbol.
“Bajo ningún punto de vista, yo entiendo que una persona es lo que gana”, remarcó Sampaoli en su carta de disculpas. Y sí, hay algunos que son tan pobres que lo único que tienen es dinero.
