River y Boca tienen chapa de campeón
A las 17, River y Boca juegan la final de vuelta para definir al mejor equipo del continente. Se paraliza el país futbolero.
Hoy sí habrá un campeón. Al cabo de 90 o 120 minutos, o de una angustiante serie de tiros desde el punto del penal, si del tiempo regular y el alargue no surgiera un ganador, River o Boca (y sus millones de hinchas) se abrazarán a la Copa Libertadores de América. La alegría de los ganadores será inmensa, tanto como la hondura de la pena de los perdedores. Es cierto: se trata de un partido de fútbol, ni más ni menos que eso. Pero es un partido muy importante. Acaso el más importante a nivel de clubes de la historia del fútbol argentino.
Habrá mucho en juego desde las 17, cuando en un estadio Monumental repleto de público y fervor “millonario” el árbitro uruguayo Andrés Cunha haga sonar el pitazo inicial. Y no hay ventaja para nadie. River salió ganador cada vez que definió una Copa Libertadores en su estadio (1986,1996 y 2015). Pero eso no permite adherirle automáticamente la etiqueta de candidato. Porque en contrapartida, las dos últimas dos veces que Boca visitó el viejo estadio riverplatense por la Superliga, terminó llevándose la victoria (4-2 en 2017 y 2-1 en 2018). Pero el partido de esta tarde es diferente a todos los demás.
Marcelo Gallardo (quien podrá estar en el estadio pero no dirigir desde el banco ni tomar contacto con sus jugadores) y Guillermo Barros Schelotto escondieron sus cartas lo más posible. Probaron variantes pero ninguna parece haberlos conformado. En River volverá Leonardo Ponzio. Pero descartado Ignacio Scocco por no haberse recuperado de su lesión en el gemelo derecho, el abanico de posibles reemplazantes es muy amplio.
“El Muñeco” primero ensayó un esquema con cinco volantes y “Pity” Martínez o el colombiano Juan Fernando Quintero detrás de Lucas Pratto como único delantero. Y también practicó con la misma línea de cinco que jugó la ida y Rodrigo Mora como atacante por afuera. Un 4-4-2 más convencional. No se descartan sorpresas y habrá que esperar tal vez hasta una hora antes del partido para conocer la verdadera formación de River.
Guillermo Barros Schelotto tampoco encontró el sustituto de Cristian Pavón, quien pese a su deseo de jugar de todas maneras, fue concentrado pero no será tenido en cuenta por su desgarro en la pierna izquierda. Carlos Tévez (quien quiere volver a tener la Copa que ya ganó en 2003) corre con chances importantes de estar desde el inicio. Pero también podrían hacerlo Mauro Zárate o Agustín Almendra si es que River al final planta cinco mediocampistas.
Lo que sí está seguro es que, recuperado de la fractura del maxilar que sufriera ante Cruzeiro en la Bombonera, Esteban Andrada volverá a ser el arquero titular de Boca en lugar de Agustín Rossi quien jugó en gran forma en la ida.
Si River lograra ganarle la Copa a Boca, la fiesta será inmensa y tendrá su epicentro en el propio Monumental hasta bien entrada la madrugada de mañana. Pero si fuera Boca el vencedor, el dolor y la bronca de los 65 mil hinchas “millonarios” resultarán insoportables.
La idea de la Conmebol es que Boca reciba la Copa sin grandes exteriorizaciones y luego de un breve festejo en el vestuario y las notas periodísticas de rigor, trasladar la celebración xeneize a la Bombonera que sería rehabilitada por el Gobierno de la ciudad de Buenos Aires tras la demostración del jueves pasado, previo de pago de una fuerte multa por el exceso de público verificado. Aunque no se descarta que también se congreguen miles de hinchas boquenses en el Obelisco porteño. En cualquier caso, habrá otro imponente operativo de seguridad.
Pero antes debe haber una final que le hará contener la respiración a buena parte de la Argentina futbolera. River quiere ganar la Copa Libertadores por cuarta vez en su historia. Boca quiere alzar la séptima e igualar la línea histórica de Independiente, el Rey de Copas hasta el momento.
No es la vida ni la muerte de nadie, es un partido de fútbol ni más ni menos. Pero es el más importante de todos los tiempos. Y como tal habrá que verlo, vivirlo, disfrutarlo y lamentarlo. Ojalá que sea en paz.
