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River y Boca pulsean mientras el fútbol sufre

26 de noviembre de 2018 a las 09:00 a. m.
River y Boca pulsean mientras el fútbol sufre

La temporada de especulaciones, trenzas, bajezas, acusaciones, ventajas, reclamos, amenazas, inventos y falsas promesas que comenzó a insinuarse el fin de semana empezará en forma oficial mañana en Asunción, adonde fueron citados los presidentes de River y Boca.

Rodolfo D’Onofrio y Daniel Angelici deben presentarse en la sede de la Conmebol, hacia donde apuntarán todas las miradas hasta tanto se decida qué pasará con la final de la Copa Libertadores de América 2018, que la consecuencia de la agresión de un grupo de violentos al ómnibus que trasladaba a la delegación de Boca impidió que se jugara el sábado y ayer volvió a ser postergada. Esto último porque pasado el mediodía dominguero prevaleció (al menos por una vez) el sentido común que indicaba que, al igual que anteayer, los xeneizes afrontarían el superclásico en desventaja deportiva por lo padecido en la previa del fallido partido.

Que esta final se dispute en algún momento ya poco importa porque lo sucedido fue de una gravedad tal que opaca cualquier definición. La pulseada ya largó, pero hasta ahora hay una verdad incontrastable: el ómnibus que llevaba al plantel boquense al Monumental fue apedreado por violentos que se escudaron en un pésimo operativo de seguridad. Eso se impone sobre toda especulación, más allá de las interpretaciones que hicieron cada uno de los sectores involucrados, desde los máximos dirigentes del fútbol mundial, continental y de los clubes, hasta funcionarios, jugadores, técnicos u opinólogos.

Mientras River y Boca jueguen su partido en los escritorios, habrá que ver cómo afronta el fútbol argentino este nuevo palazo que recibió, ratificando que sigue en terapia intensiva y que arrastra males endémicos a los cuales, por ineptitud o conveniencia (las dos son gravísimas), le cuesta horrores contrarrestar desde hace ya mucho tiempo.

La “final del siglo”, que los dos clubes más fuertes del país debían jugar en el distrito más poderoso del país, sólo exportó vergüenza al mundo y dejó otra herida eterna. ¿Habrá sanciones ejemplares? ¿Podrán detener a los violentos? ¿Pagarán funcionarios políticos y policiales por su incapacidad o complicidad? El “no” surge instantáneo ante las reiteradas ocasiones en que la voluntad de encontrar soluciones estuvo ausente. Y el fútbol sufre y sufre.

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