En River lo único seguro es su incertidumbre
Afrontará los cruces de la reválida inmerso en un grave dilema, que primero que nada es mental. Eso potencia las ilusiones de Belgrano.
Nunca en su más que centenaria y gloriosa historia, River estuvo tan vulnerable, tan para el cachetazo como está ahora, a 48 horas del primer partido de la reválida ante Belgrano. Lo único cierto es su incertidumbre. Lo único seguro es su inseguridad. Y esa incertidumbre y esa inseguridad millonarias potencian las chances celestes de lograr un ascenso histórico. Antes que futbolístico, el problema de River es mental. Es un equipo bloqueado, atenazado por los nervios y las presiones. Todos sus jugadores, desde los más experimentados como Matías Almeyda, Mariano Pavone, Paulo Ferrari y Juan Pablo Carrizo hasta los más jóvenes como Erik Lamela y Manuel Lanzini, vienen sintiendo que cada camiseta con la banda roja pesa 100 toneladas.
Si no, no se entiende tanta imposibilidad de pasarse la pelota entre sí y, por lo tanto, de generar juego a ras del piso. River no produce nada por abajo porque a nadie se le ocurre nada. Trata de llegar sólo lanzando la pelota hacia adelante y con centros y pelotazos frontales tirados para Pavone y Caruso, quienes reciben de espaldas y con un marcador rival colgado por detrás.
En verdad, nunca River jugó bien en el Clausura. Pero hasta la 12º fecha (triunfo 1-0 de visitante ante Racing), los números le daban y pensaba que podía dar batalla por el título: sumaba 22 puntos de 36, aunque había perdido de local ante Vélez y Godoy Cruz.El problema comenzó con las caídas consecutivas 2-0 que sufrió con All Boys y en el clásico ante Boca y el empate 1-1 con San Lorenzo. Esos malos resultados y los errores de Carrizo parecieron mellar la escasa confianza que había dentro y fuera de la cancha.
Porque tampoco Juan José López apretó a tiempo las teclas correctas que permitieran resolver los problemas emocionales y futbolísticos. “J.J.” jamás pudo darle un salto de calidad. Se refugió en planteos conservadores como el que aplicó en Bahía Blanca ante Olimpo.
Cuando River necesitó algo más que salir a buscar puntos, quedó en evidencia todo lo que le faltaba: de los últimos 21, apenas si se consiguieron 4. Hace siete fechas que no gana. Y la última victoria en el Monumental data de la novena (1-0 ante Banfield).
Da toda la impresión de que River no tiene más que esto. Y que a “J.J.” no le quedan más piezas para mover desde el banco ni variantes que intentar. Probó todo y nada le dio resultado. Quebrado en lo anímico, bloqueado en lo mental y vaciado en lo futbolístico.
Así llega River a Alberdi. Por eso, son lícitos los sueños celestes. Belgrano está en un momento ideal para dar el gran zarpazo. Y si pasado mañana termina ganándole a lo que queda de River, habrá que prepararse con todo: el domingo en el Monumental puede llegar a vivir el momento más glorioso de su historia.

