A River le alcanzó con un tiempo
Hizo la diferencia y se quedó. River superó a Colón y quedó como único líder del certamen. Si se animaba, el Sabalero pudo haber empatado.
River volvió al triunfo y a la punta del Torneo Final. Pero la victoria por 2-1 ante Colón no llegó emparentada con el buen fútbol ni generó en la multitud que ayer volvió a llenar el Monumental, el entusiasmo de otras tardes.
Ganó bien el Millonario con goles de David Trezeguet y Leonardo Ponzio en el primer tiempo. Pero los santafesinos le manejaron la pelota en largos tramos del primer tiempo y en el segundo, tras el descuento que marcó Emanuel Gigliotti, merodearon un empate, que en verdad, debieron haber buscado con más énfasis para poder concretarlo.
Le costó al equipo que dirige Ramón Díaz (que pareció aburrirse viendo el partido desde uno de los palcos altos del estadio) estabilizar su rendimiento a lo largo del encuentro. Empezó haciendo diferencias por la izquierda, con las escapadas de Leonel Vangioni.
Y el gol de Trezeguet a los 11 minutos, luego de un tiro libre de Ponzio que Pozo despejó muy mal con los puños y dio en Bruno Urribarri, pareció la antesala de una tarde serena y de una actuación rotunda.
Pero no fue así. Tras el 1-0, curiosamente, se achicó River en la misma medida que se agrandó Colón. Crecieron en el medio Adrián Bastía y Hernán Bernardello, y a partir de ambos, de los arranques de Martín Luque por la izquierda y los piques de Facundo Curuchet, los sabaleros se entibiaron y empezaron a arrimarse al arco del cordobés Marcelo Barovero.
Un cabezazo de Bastía y un remate desde afuera de Curuchet fueron lo mejor de ese rato en el que Colón le manejó la pelota a River. Hasta que a los 33 minutos, entre Urribarri y Luque perdieron una pelota simple sobre la izquierda, Mora habilitó a Ponzio y el derechazo cruzado del volante puso a River 2-0 arriba.
Roberto Sensini, el entrenador de Colón, movió el banco tratando de revertir la derrota. Pero los ingresos de Rubén Ramírez y Gabriel Graciani por Luque y Bastía para jugar el segundo tiempo con tres delanteros y el de Lucas Mugni por Moreno y Fabianesi, no le dieron al equipo ni el poder ofensivo ni el volumen de juego que se pretendió el DT sabalero.
Ramón Díaz fue más pragmático en sus decisiones. Le ordenó a su hijo Emiliano (que hizo de DT desde el banco) que saque a Mauro Díaz (intrascendente como enganche) y coloque a Ariel Rojas para que baje a Vangioni como lateral izquierdo y River forme línea de cuatro en el fondo.
A la luz de los hechos, tantas precauciones resultaron exageradas. Colón generó muy poco en ataque. Y cuando llegó, se topó con la seguridad de Barovero. Después del gol de Gigliotti, por un momento dio la impresión de que si querían, los santafesinos podían. Pero nunca apostaron a fondo por la igualdad. River jugó al paso el segundo tiempo.
La tibieza sabalera hizo que no debiera arrepentirse.