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Opinión. Riquelme y Passarella: cuando los ídolos fallan desde el escritorio

Fueron ovacionados como jugadores y elegidos como presidentes. Pero los hinchas redescubren el límite entre la devoción y la decepción. El tema de la columna “Desde adentro”.

02 de agosto de 2025, 17:37
Riquelme y Passarella: cuando los ídolos fallan desde el escritorio
Daniel Passarella y Juan Román Riquelme.

Los socios de River Plate, cuando eligieron como presidente a Daniel Passarella, vislumbraron una época de oro, a tono con la jerarquía de quien levantó por primera vez la Copa del Mundo con la camiseta argentina. El resultado de esa elección produjo un escenario nefasto: el descenso a segunda división y una crisis institucional inimaginable.

Cuando los socios de Boca Juniors decidieron que Juan Román Riquelme los presidiera, mucho tuvo que ver la añoranza por aquellos brillantes momentos vividos, en los que el “10” regaba de sutilezas el verde césped de La Bombonera. Sin llegar a los límites que hicieron caer a los de Núñez, en Boca Juniors las caricias de Román a la pelota ya no se recuerdan tanto como las recientes actuaciones del primer equipo, claudicante ante cualquier rival, flamante dueño de una racha sin triunfos histórica.

Tanto Passarella como Riquelme son parte de un problema que se inicia cuando el hincha se da cuenta de que aquellos resplandores de fútbol de alto nivel no necesariamente pueden trasladarse del campo de juego a una oficina privada. Así también fueron las críticas que recibió “El Kaiser”; de la misma manera que las que está recibiendo quien ha sido considerado uno de los mejores jugadores xeneizes de la historia.

La mala elección de refuerzos, la poca ascendencia del entrenador ante los jugadores, el ego exacerbado de quienes por algún motivo no son titulares, el amiguismo que rompe moldes y genera rencores o las promesas incumplidas de dirigentes de una transferencia a corto plazo son algunas de las causas que profundizan el declive y acompañan a los simpatizantes al hartazgo.

Se dijo que Riquelme parece dispuesto a romper su “círculo de hierro”, esos compañeros de equipo que lo abrazaron con admiración en la felicidad y que recibieron su bendición como fieles discípulos de su palabra. Se habla que podrían irse Raúl Cascini, Mauricio Serna y hasta Marcelo Delgado, quizá el de vínculo más estrecho con el mandatario xeneize, integrantes del Consejo de Fútbol, el órgano que vive el día a día del plantel y al cual más de una vez intentaron trasladar el temperamento épico que los caracterizó como futbolistas.

En estos últimos meses no han tenido suerte. Su experiencia como jugadores y su amor por Boca parece no haber contagiado a muchos. El reclamo por vestir con orgullo y amor propio la camiseta azul y oro se dio a la par de los últimos malos resultados, algo similar a lo que ocurrió hace unas semanas en Talleres, cuando el inicio del segundo torneo del año extendió el enojo reinante en el primer semestre por la floja campaña y como manera de movilizar la ambición de los protagonistas. Por eso surgió el “que se vayan todos” en las tribunas; por eso los malos resultados instalaron el malhumor e incomodidades varias en el vestuario.

El presidente albiazul, Andrés Fassi, hizo una autocrítica de su gestión, poniendo énfasis en la mala elección de algunos jugadores y en la de Diego Cocca, como entrenador. Para llegar a eso, Talleres pasó un semestre de sequía y avizora un final del año en el que quizá tenga que pensar más en promedios de descenso que en copas internacionales y en depurar un plantel cuyo rendimiento ha estado bastante alejado de lo que Talleres produjo en participaciones y alegrías, particularmente en este último lustro.

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