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Rezo por vos, Argentina

Crónica de un sábado de fe en el Cristo Redentor y en la concentración de la selección. El martes, Brasil.

30 de junio de 2019 a las 11:00 a. m.
Rezo por vos, Argentina

Quedaron argentinos extasiados por Río de Janeiro después del 2-0 a Venezuela en el Maracaná. Con sus remeras albicelestes se iban haciendo notar por las calles de la megametrópolis brasileña, repleta de lugares para visitar. Pero si existe un lugar al que "hay que ir" ese es el Cristo Redentor.

En el cerro Corcovado abruma el desfile de turistas. Alrededor de 500 pesos argentinos vale el acceso a una de las siete maravillas del mundo moderno. Europeos y asiáticos encabezan la procesión de selfies ante el monumento que es sinónimo de Brasil.

Por ahí caminan argentinos pidiendo que la selección esté en una semana levantando el trofeo de la Copa América. Por ahí desfilan las remeras de Lionel Messi. Por ahí se "reza" para ganarle a Brasil el martes, a las 21.30, en Belo Horizonte. Y por ahí mismo aparece una extrañeza...

Dentro del Cristo hay una capilla, una mini-iglesia en la que se llevan a cabo casamientos y bautismos, entre otras ceremonias cristianas. A la puerta de acceso a ese espacio exclusivo lo controla un señor que tiene una campera de ¡la selección argentina! Pero que no es argentino.

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Se llama Adionel Junior. Tiene 47 años y le cuenta a Mundo D que estuvo casado con una argentina. "Quedé viudo, pero mi amor por Argentina no murió", dice triste pero asumiendo su realidad. El brasileño recita los nombres de sus ídolos: "Passarella, Kempes, Caniggia y Maradona, qué jugador Diego".

Cuando posa para la foto, Junior recomienda que sea con el Maracaná de fondo. "Ahí va a estar Argentina el domingo, le va a ganar a Brasil. Tiene a Messi". No sólo ese estadiazo se ve desde arriba. También la zona del hotel donde recarga pilas la selección. Donde tienen la misma esperanza que Junior.

En el Hilton hubo relax para los 23 convocados, que recibieron a sus familias. Los cordobeses estuvieron con los suyos. El delantero Matías Suárez con su esposa, Magalí Olave y sus dos hijos. El también punta Paulo Dybala, con su madre y sus hermanos. El lateral Renzo Saravia, igual. Los tres, que no son titulares, le siguen poniendo la mejor onda a la convivencia.

Suárez, Dybala y Saravia estuvieron intensos en la práctica de ayer en el predio de Fluminense. Los tres querrán mostrar hoy que están listos para ser tenidos en cuenta por el cuerpo técnico de Lionel Scaloni. Los tres son muy queridos. Suárez tiene onda futbolera con Messi, Dybala es "cargado" por su facha y a Renzo le piden que se suelte un poco más.

Lionel Messi se cansa de decir que hay un lindo grupo. Sergio Agüero, otro histórico, aseguró el viernes que “no hay nada raro” en el vestuario: “No nos volvimos locos cuando arrancamos mal ni ahora que ganamos”. Trascendió que cuando hubo problemas “se habló”, como mostró la TV en la práctica previa al partido con Paraguay, en Belo Horizonte. A esta altura, el cómo le vaya a la selección contra Brasil depende de lo futbolístico y no de un problema interno.

La otra parte del grupo

A esa selección que describen “unida” también la hacen los que no juegan, esas personas que también ayer pasaron un día sin presiones. Entre ellas, los que forman parte de la dirigencia encabezada por el presidente Claudio Tapia. A él se le suman Jorge Miadosqui (secretario de selecciones), Luciano Nakis (delegado) y los administrativos Alberto Pernas y Héctor Daniel Cabrera.

Tapia mantiene sus días de silencio. Gritó con todo los goles de Lautaro Martínez y Giovani Lo Celso en el Maracaná. Le levantó el puño a Jorge Messi, el papá de “Leo”, que estaba en el palco contiguo junto a su mujer, Celia, su nuera Antonela Roccuzzo y dos de sus tres nietos por parte de Lionel, Thiago y el ya célebre Mateo.

Después de esos desahogos, “Chiqui” volvió a su postura esquiva para los medios, saliendo con la mirada hacia abajo en la zona mixta de prensa. Sabe que su decisión de sostener a un inexperto Scaloni está siendo cuestionada. Sabe también que se juega mucho en su gestión para hacer convivir al DT Scaloni junto con las punzantes opiniones de César Luis Menotti, el director deportivo de selecciones que “aparece” desde Buenos Aires pero no está en Brasil.

El que sí está y siempre está es Omar Souto, conocido como “el padre de la selección”. Es el gerente de selecciones que trabaja en el predio de Ezeiza desde hace 25 años. Fue el hombre que recibió a Messi en su primer día “como argentino”, un 25 de junio de 2004.

Además de los dirigentes, otros se regalaron el día más “tranqui” en lo que va de la Copa América. Como los más queridos por el plantel, los utileros: Mario De Stefano, Juan Cruz Souto, Maximiliano Ledesma y Jorge Pereira. Son los que ponen las canciones de Ulises Bueno en el vestuario. Son los que ubican los parlantes con bluetooth que suelen manejar “el Kun” Agüero, Nicolás Otamendi y Roberto Pereyra.

Dos “personajes” más son igual de queridos: el cocinero Diego Iacovone y el mozo David Lascano. Otros mimados son los kinesiólogos, quienes ayer laburaron a full en el post partido con Venezuela. Se trata de Luis García, Pablo Capuchetti, Walter Insaurralde y David Alejandro Rabellino.

Párrafo aparte para el “auxiliar” Marcelo D‘Andrea. Conocido por todos como “Daddy”, por su parecido con el actor-humorista, es el más cercano a Messi. El viernes, en el Maracaná, no tenía la cara larga como luego del 1-1 con Paraguay. Su ritual es salir con Messi por la zona mixta y ver cómo el capitán se pasa 30 minutos atendiendo a los medios. Le tiene el bolsito y una valija. Siempre salen juntos de los estadios.

Y tienen otro ritual: antes del partido siempre se dicen algo. “Daddy” fue el hombre que consoló a Messi el día del llanto desconsolado en la final perdida con Chile en la Copa América Centenario en Estados Unidos, en 2016. “Daddy” quiere ser el que abrace a Messi si en una semana están de vuelta en Río por la tercera final americana al hilo.

Con el Cristo “mirando”

En el hotel también reciben cargadas los “cuida”, los que están de seguridad. Por ejemplo, ellos “atraparon” a los humoristas cordobeses Camilo y Nardo en el hotel de Porto Alegre cuando estaban en el piso de los jugadores. Habían llegado hasta esa “zona imposible” por haber sido invitados por Dybala. Los “guardias” son Matías Ferreyra, Fernando Silva, Cristian Monfardini y Alejandro Eboli.

Detrás de Scaloni, y sus colaboradores Walter Samuel, Pablo Aimar y Roberto Ayala, trabajan a full los médicos Daniel Martínez, Alejandro Rolón y Matías Muglia.

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Los que se regalaron un alivio ayer también fueron los preparadores físicos, Luis Martín y Esteban Barrios, máquinas de gritar-motivar-ordenar-reclamar en los entrenamientos.

El “profe” Martín Tocalli también le dio descanso a su cuerpo luego de un ping pong de indicaciones con Franco Armani en la mañana de ayer en el predio de Fluminense. El hijo Hugo Tocalli (excoordinador de selecciones juveniles) es uno de los sobrevivientes del cuerpo técnico de Jorge Sampaoli. Tiene el respeto de Armani, Agustín Marchesín y Juan Musso.

Los que no vieron el sol fueron los editores de video Matías Manna y Mariano Nievas. Son los que filman todo. Todo es todo. Hasta un ensayo de tiros libres en los entrenamientos. En el Maracaná, por ejemplo, pusieron dos cámaras filmando las dos mitades de la cancha.

Más “tranqui” en la escena están los sparrings, los juveniles que se entrenan a la par de los mayores. Entre ellos se luce el volante Francisco González, de Ordóñez, Córdoba, y juega en Newell’s. “Panchito”, de 18 años, es un zurdo de pegada majestuosa que hace competencias de remates con los arqueros en las prácticas (en una de ellas, en Porto Alegre, maravilló a todos).

Todos los pibes son integrados al grupo. Los más grandes, como Messi y Di María, les preguntan cosas de sus vidas. Es un momento de risas al final de los entrenamientos. Esos momentos de “apertura” de la selección son coordinados por el departamento de comunicación integrado por Nicolás Novello, Gustavo Pagano y Maximiliano Cisneros.

Todos ellos y los que juegan pasaron un sábado de paz en el Hilton. Desde el hotel se ve el Cristo Redentor, la postal que todos quieren tener en frente en una semana. Primero hay que pasar Brasil. Lo saben. Y hay fe.