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René Gorreta y el Siam Di Tella, una época

El excoordinador de divisiones inferiores de Racing de Nueva Italia quedará en la memoria de todos por su fino ojo para detectar talentos. Donde veía un pibe con buen pie, frenaba su auto marrón.

04 de abril de 2013 a las 09:07 a. m.
René Gorreta y el Siam Di Tella, una época
Gorreta vivió la época del fútbol bien jugado: cuando se priorizaban los "caños" y la gambeta (Foto: LVI/Archivo).

René Gorreta, fallecido el martes pasado, hombre ligado a Racing de Nueva Italia, representó una época del fútbol en Córdoba.

Su presencia como delegado (así se llamaba al actual coordinador de divisiones inferiores) coincidió con los miles de baldíos en los que los chicos jugaban a la pelota de trapo, de goma, de plástico o de cuero.

En aquel tiempo el fútbol era tan masivo como ahora, sólo que el ámbito de competencia y de aprendizaje eran esos lugares todavía no edificados y los centros vecinales y clubes de barrio en los que siempre había un campeonato a mano.

Prevalecían allí la pisada, la gambeta, el túnel (el actual caño), la habilidad expresada de mil formas, valor supremo para calificar la jerarquía de quien pisaba una cancha.

En esos espacios merodeaban René Gorreta y su hermano Félix. René tenía un Siam Di Tella marrón, al que le clavaba los frenos si del polvo en suspensión de cualquier canchita se asomaba algún firulete llamativo.

Su figura como delegado antecede a la del captador de talentos de hoy. Su situación económica sin sobresaltos le dio libertad para desarrollar esa actividad sin descanso y con mucha pasión.

Su ánimo competitivo lo llevó a tironeos memorables con otros delegados en la conquista de algún gran jugador. Armó durante muchos años el equipo del colegio Luis María Robles, gran protagonista de los torneos televisados de Canal Doce.

Sus integrantes, becados por el establecimiento escolar, también participaban en las divisiones inferiores de la Academia.

En buena parte de su carrera tuvo un gran mérito. Sus elegidos no partían hacia Buenos Aires; quedaban en Córdoba, se desarrollaban aquí y luego emigraban.

Su imagen se fue diluyendo en la medida que aparecieron las garras y los colmillos de sus continuadores. Con él se fue buena parte del fútbol creativo y respetuoso de la habilidad individual y sin tantos intereses económicos en el medio.