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Ramón Ábila, de la euforia por los logros con Huracán, a la preocupación por Instituto

“Wanchope”. Hizo historia con Huracán campeón de la Copa Argentina y ascendido a Primera. Historia del goleador y de un personaje que siempre desafió al destino.

24 de diciembre de 2014 a las 01:15 p. m.
Ramón Ábila, de la euforia por los logros con Huracán, a la preocupación por Instituto
Ramón le dio una alegría a su familia, que no la pasa bien por la enfermedad de un niño. (Foto: Pedro Castillo)

"Soy un busca" y, "Plata y miedo nunca tuve", son algunas frases que públicamente han servido para construir el personaje de ­Ramón "Wanchope" Ábila. Pero en realidad, el delantero desarrolló una audacia de la que se sabe poco, pero es la que lo distingue. Cuando estaba en Unión Florida, un día en una cena de amigos, Ricardo Rentera le mostró la tapa del Gráfico en la que salía festejando un título con Boca.

"Yo también salí en la tapa de El Gráfico. Mirá, con Instituto. Y si vos hiciste 30 goles, tengo 300 goles en Unión Florida y en el barrio", lo desafió. Era la del ascenso de 1999 y Ramón había ido a River a ese partido final con Chacarita, de hincha. Siempre desborda optimista. Blanquea los dientes y promete conseguir el objetivo. Como cuando fue a Sarmiento y le dijo al DT Sergio Lippi que iban a ascender y sería el goleador. Y así fue. Como cuando pensó en dar lo mejor en Huracán y fue protagonista de un doble logro histórico: la Copa Argentina y el ascenso a Primera. Y fue el máximo artillero. Ya en Córdoba, le llegó el momento de disfrutar. 

–¿Cuándo vas a caer de eso?–Ojalá que nunca. Costó mucho. Uno disfruta realmente de los logros que se plantea. Estas fiestas van a ser inolvidables.

–Ya no podrás decir la frase de ­cabecera...–Claro que sí. Plata y miedo nunca tuve. No tengo nada asegurado. Ojalá tuviera algo seguro para poder cambiarla. Soy un busca y tengo que seguir remándola. No hay otra.

–¿Surgió en Unión Florida o ­Instituto?–No me acuerdo cuando la escuché. De pibe. Fue en un pueblo, en un partido. Me impactó. Me llega bastante. Pero me sentí identificado y la adopté. Fui el único en decirla. Y así quedó. En estas alegrías con Huracán, pensé en todos los que me ayudaron. A esos que están siempre, que son los mismos que quieren que a uno siempre le vaya bien. Ahora pienso en mi sobrino y en el problema de su hijo Agustín, que tiene fibrosis quística. Que la está luchando. Es lo mismo que tiene Maribel Oviedo. Pienso en él y por eso el fútbol para nosotros es una diversión. Te das cuenta que la vida es otra cosa, que el fútbol es un juego y los verdaderos valores pasan por otro lado, La salud, el bienestar de los tuyos. La familia está mal, por eso. Y le regalé una sonrisa a todos con estos títulos.

"Siempre digo lo mismo. A este club (Instituto) lo sacamos adelante los socios. Ojalá que la gente tome conciencia. Es la única forma", dijo Wanchope.

–Te costó hasta ser vendido...–Fui a un equipo grande como Huracán. No fue todo color de rosa. Había que ganarse la confianza de todos. Era nuevo y había que demostrar que lo que se había pagado no era en vano. En Instituto, mi venta ayudó en un momento muy delicado. Me tocó donar dos meses y medio de sueldo. El club se benefició y era necesario. Yo hice mi parte. De corazón. Dimos una mano con la salida del club. Lo acepté. Pero cuesta todo. No todo es lindo ni color de rosa. Hoy por hoy estoy disfrutando. Todo el sacrificio y el camino que uno hizo, sirvió.

–Ya no definís igual que en Instituto. Ahora aplicaste una pausa. Antes, siempre era de primera. –Me sentí cómodo con el equipo. Eso es muy importante para un ­delantero. Confiaron mucho en uno. Porque tenés que definir los partidos y esa es una responsabilidad muy grande. Te hacen sentir importante. Tenes que darle la tranquilidad al equipo. Me ayudó a crecer. Me siento más jugador. Los goles te dan más confianza y te llevan a seguir aprendiendo. A mejorar.

–¿Copiás movimientos? –Trato de tomarme un tiempo más para definir. Me gusta mucho amagar. El defensor se juega mucho en la primera como el arquero, que se tira mucho. Miro a todos los delanteros, en especial a aquellos que elaboran la definición. Me gustan los audaces. Esos que no le tienen miedo a nada. Con esos me identifico. Uno trata siempre de hacer lo mejor para el equipo.

–¿Estuviste con tus ex compañeros en la despedida de "Raulo" Damiani?–Fui a lo de "Raulo" con "Maxi" Correa. Estuve con "el Chino" Romero, Chiarini. Varios.

–¿Pasaste por Instituto?–Tengo que hacerlo. Voy a renovar el carné por los próximos seis meses. Lo hago con gusto. Se lo complicado que está todo. Pero siempre digo lo mismo. A este club lo sacamos adelante los socios. Ojalá que la gente tome conciencia. Es la única forma.

–¿Te llamó Boca?–Eso lo maneja Huracán y mi re­presentante. Pienso en volver el 6 de enero. Yo estuve una semana en casa Amarilla. Tenía el problema de la patria potestad. No me querían dar el pase ni venderme. Tuve que volver. No se pudo dar.

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