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Racing y la generación del 80

El martes se cumplen 30 años de las finales con Rosario Central, en las que la Academia quedó como subcampeón nacional. Mundo D reunió a varios integrantes de aquel plantel.

19 de diciembre de 2010 a las 12:36 a. m.
Enrique Vivanco
Racing y la generación del 80

Para algunos fue un encuentro después de casi 30 años. ¿Todavía vivís en barrio Talleres?, le preguntaron a Hugo Beutke, quien en aquella época disputaba el arco con Juan Manuel Ramos y Raúl Malavolta. Tras su afirmación la charla se centró en Raúl Malavolta, un hombre prolijo en cada acto de su vida, quien parecía tener todo bajo control, quien nació y vivió desde siempre, luego de su paso por Racing, en Junín, provincia de Buenos Aires.

Los recuerdos y las anécdotas brotan a la par de las carcajadas. "En Jujuy íbamos a jugar contra Gimnasia y Esgrima. En una cena, Miguel Seronero se metió debajo de la mesa y le prendió fuego al diario que estaba leyendo Mario Tapiero. Éste se asustó y tiró el diario a un costado, en donde estaba Juan Manuel Ramos. También asustado, el arquero se puso a discutir con Tapiero.

"Yo no fui el que prendió fuego al diario", le decía el arquero. Mientras tanto, Seronero seguía riéndose debajo de la mesa. El que lo contaba en el ingreso a las plateas bajas del Miguel Sancho era Atilio Oyola, mientras asentía Ramos.

Seronero y Amuchástegui eran los más graciosos del grupo, que sin embargo mantenían una relación de respeto con Basile. Nadie tuteaba al entrenador aunque más de una vez en alguna charla surgía algún chiste disfrutado por todos.

"Tuve la posibilidad de debutar en 1979. Y no pensé nunca que podía llegar a jugar una final un año después. Fue un plantel que tuvo mucha disciplina. Recién concentró cuando empezó a jugar los cuartos de final. Antes nunca lo hizo. El cuerpo técnico confiaba en nosotros y nosotros actuábamos con responsabilidad". El dueño de estas palabras es Lucio Del Mul, quien no pudo estar en Nueva Italia pero que se encargó de entrar en el recuerdo.

La segunda final, luego de recibir una goleada de 5 a 1 en el Gigante de Arroyito, una situación en particular, quedó grabada en la memoria de Atilio Oyola: "Recuerdo cuando terminó el partido y lo vi a Gasparini arrodillarse en el pasto, llorando. 'Yo quería ganar el campeonato', decía 'el Pato'". Lo que no contó Oyola en ese momento fue que él jugó con casi 39 grados de fiebre, en una tarde que se presentó muy calurosa.

Alguien dijo después que quizá haber eliminado a Independiente pudo haber sido un motivo de distensión o que después del descuento del mismo Oyola (1 a 2 a 25 minutos del final en Arroyito) el equipo equivocó el camino, pretendió empatarlo adelantando a sus hombres y esa búsqueda le costó tres goles en unos pocos minutos.

Las suposiciones seguirán apareciendo, como las sonrisas cómplices por algún desliz o el asombro por tanto tiempo transcurrido. Nada cambiará aquellos buenos momentos vividos, aunque el final de la historia no fue el que se hubiera elegido.

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