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Racing-Talleres: todo está como era entonces

Quedaron a mano. El empate 1-1 trasladó todas las expectativas para el miércoles. Riaño y Rubén Molina fueron los goleadores del primer clásico por la Cuarta Fase del Argentino A. La Academia debe ganar en el desquite.

28 de mayo de 2012 a las 08:26 a. m.
Hugo Caric
Racing-Talleres: todo está como era entonces

Al clásico tal vez le faltó una pizca de fútbol, pero le sobraron ingredientes como para que el domingo por la tarde tuviera un sabor especial en el Mario Kempes.El empate resultó agridulce para Racing, que ayer vio el triunfo un poco más de cerca que Talleres y que ahora deberá buscar en la revancha la victoria que necesita para seguir viaje hacia la promoción. Para la "T", en cambio, el 1-1 – aunque lo acercó un poco al objetivo – más bien dejó una sensación de insipidez en el paladar.

La última media hora de juego fue lo mejor de la tarde. En ese lapso, la emotividad corrigió todos los defectos que había mostrado el clásico a partir del nerviosismo y de la impericia de sus actores, y también desde la polémica de un gol anulado.

No hubo tregua en los minutos finales. Y a esa altura del partido – con Requena, Godoy y los palos como figuras –, casi nadie recordó el fuera de juego que el árbitro Carlos Boxler, a instancias del asistente Facundo Díaz, le cobró a Luis Rivero a los 35 minutos del primer tiempo, y que terminó con Marcelo Bonetto, DT de la Academia, dando indicaciones a sus colaboradores desde la platea.

Dos veces los parantes le negaron el gol a Pablo Vilchez; la última vez, a los 45 minutos del complemento. Requena ya había hecho otro tanto ante el “10” de Racing. Así, el mejor jugador del partido se quedó sin su premio. Junto con Albano Becica, el goleador Rubén Molina (se enchufó tras un inicio confuso) y Rivero, marcaron el punto más alto de rendimiento en el local, y también lo mejor en cuanto a generación de juego.

El juego de las diferencias

Talleres había atravesado por su mejor momento en el inicio de las acciones, y no lo había sabido aprovechar. Al temprano gol de Claudio Riaño, a los 14 minutos, le siguieron tres situaciones netas (una de Agustín Díaz y otras dos de Riaño) que pudieron haberle quitado todo vestigio de incertidumbre a la llave entre cordobeses.

Por entonces, la “T” hacía un surco con Carabajal por el lado de Cedrón, y los dos delanteros se mostraban como las individualidades más desequilibrantes de una formación a la que la crónica fragilidad de su defensa la hace lucir descompensada.

La historia cambió cuando Bonetto reacomodo las piezas en el medio, y Becica empezó a pensar en el arco contrario. A Sialle ya no le alcanzó con la voluntad de Gianunzio para compensar el duelo en el sector clave, pero Sáez nunca se dio por vencido y se las ingenió para inquietar una, otra y otra vez. La última fue en la réplica de aquel tiro de Vilches en el palo, y Godoy le ahogó el grito.

Se fue con bronca Racing, que luego de un comienzo confuso terminó siendo más sólido en lo grupal y quizá haciendo méritos para llevarse algo más que la igualdad. Pero tal vez haya terminado más preocupado Talleres, por más que la ventaja deportiva le haga valer dos empates como una victoria.

El final quedó abierto y la incertidumbre se trasladó para el miércoles. El último "punta y hacha" en el Kempes develará si gana el que tiene mejores cartas o el que tiene mejores mañas. Por ahora, van pardas.