Pese a la crisis, Europa quiere brillar
Una constelación de estrellas. Varias de las figuras más importantes del mundo se presentan en el máximo certamen continental de selecciones, que empieza mañana. Polonia y Ucrania se reparten la sede.
Si hay crisis, que no se note. A partir de mañana, cuando con el cruce entre Polonia y Grecia en Varsovia se inaugure la XIV Eurocopa 2012 (oficialmente, Campeonato Europeo de la Uefa), el Viejo Mundo se olvidará –al menos hasta el 1° de julio, después de la final– de los cimbronazos de la economía.
Es que todo el continente y buena parte del mundo futbolero estarán pendientes de lo que suceda en Polonia y Ucrania, los países que albergan la sede.
España, último campeón europeo y mundial, intentará revalidar el título por los próximos cuatro años, pero las otras potencias no se van a quedar atrás.
Es que, con excepción de los sudamericanos (Brasil, Argentina y Uruguay), el certamen reunirá a todas las selecciones que alguna vez ocuparon un rol protagónico a nivel global. De hecho, 10 de los 16 participantes han sido campeones de Europa o del Mundo al menos una vez. Por eso se vive como si fuera un Mundial.
Respaldan esa reputación algunos datos por demás contundentes: la Uefa obtendrá ingresos comerciales de al menos 1.300 millones de euros (1.600 millones de dólares) y se espera que cada partido tenga una audiencia promedio en televisión de 150 millones de aficionados en el mundo.
Otro muro que cae
Tuvieron que pasar 36 años para el principal torneo entre selecciones de fútbol organizado por la Uefa volviera a disputarse en Europa del Este. Y eso que también transcurrieron 23 años desde la caída del muro, a partir de la cual Europa volvió a ser una. Sin embargo, desde la edición de 1976, cuando se disputó en la ex Yugoslavia, los países del oriente europeo no habían albergado el certamen continental.
Hubo unos cuantos problemas organizativos (partiendo del hecho que, por primera vez, el torneo se jugará en dos países con husos horarios diferentes) y de retraso de las obras en los estadios, que amagaron, en más de una ocasión, con un cambio de sede. Pero, finalmente, Polonia y Ucrania la conservaron, pese a las dudas que aún persisten sobre la capacidad de organización de los coanfitriones eslavos.
Otra preocupación latente es el racismo. La semana pasada, un programa británico de TV mostró hechos de discriminación y violencia en partidos recientes en las dos naciones organizadoras.
Piara Powar, director de Fútbol contra el Racismo en Europa (Fare), admitió estar “más preocupado por este torneo que por cualquier otro”. Por eso habrá 31 monitores expertos que vigilarán a los hinchas de cada equipo para detectar cualquier comportamiento, dentro de los estadios, que viole la política antidiscriminatoria de la Uefa, que prometió severas sanciones.
De candidatos y figuras
Se ilusionan las selecciones con historia como España, campeona vigente y dueña de la plantilla más cotizada; Italia, que llega conflictuada como al Mundial 2006, que terminó ganando; Francia, que apostó por la renovación; Holanda, que quiere recuperar la mística; Alemania, un eterno candidato; Inglaterra, pese a las lesiones; y Portugal, que tiene a Cristiano Ronaldo. Pero el resto de los participantes sabe que la Eurocopa le da chances a todos.
Es que el certamen ya supo consagrar a equipos con poca “chapa”, como la Unión Soviética en la primera edición, Checoslovaquia en 1976, Dinamarca en 1992 y Grecia en 2004.
Además del goleador del Real Madrid, habrá numerosas estrellas en la constelación: el alemán Bastian Schweinsteiger, el inglés Wayne Rooney, el francés Franck Ribery, los españoles Andrés Iniesta y Xavi Hernández, el sueco Zlatan Ibrahimovic y el ucraniano Andréi Shevchenko, entre los consagrados.
Las ausencias notables no son tantas: en España, David Villa, Carles Puyol y Thiago Alcántara se la pierden por lesiones; en Inglaterra, el DT Roy Hodgson no convocó a Rio Ferdinand; y en Francia no estará Eric Abidal quien se recupera de su trasplante de hígado.
La Vieja Europa está desempolvando sus mejores trajes. Pese a la crisis, todavía hay margen para que el fútbol sea un buen motivo para disfrutar.

