Perdimos la final, perdimos a Messi
La decisión de Messi fue un cachetazo al "resultadismo".
Perdimos la Copa América contra Chile y perdimos a Lionel Messi.
La renuncia del mejor futbolista de los últimos tiempos a la selección nacional es un cachetazo al “resultadismo”, esencia del negocio del fútbol pasional argentino.
Messi amaga con irse y castiga a los que los denostaron.
Se autoflagela por errar un penal. Y da la espalda herida a la hinchada.
Estamos tan resignados a dirimir cuestiones de política internacional en una cancha.
A ejercer el patriotismo sólo con la camiseta celeste y blanca.
Por eso duele cuando Messi no canta “o juremos con gloria morir” .
“La peleé mucho, la intenté, hice todo lo posible, me duele más que a nadie. No es para mí. Hice todo lo posible por intentar ganar algo”, balbucea Messi, con las cuatro finales frustradas en el pecho y millones de almas vigilantes encima.
Quiere salir corriendo, picar, despegarse del fracaso, de las presiones, de la AFA, del problema judicial de su padre, del mundo entero que le exige y lo mira.
Messi es victima de su propio exitismo y del fanatismo que inspira.
Harto, intenta la individual. No puede tolerar la derrota. Es argentino.
Sí, construimos un Dios a nuestra imagen y semejanza.