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Para Talleres, ahora es ganar y rezar

1-3 con Unión (LP). El ahora líder volvió a vencerlo como en la primera rueda y lo dejó igual de expuesto. Ahora, la “T” ya no depende de sí mismo para ascender.

31 de octubre de 2014 a las 03:48 p. m.
Para Talleres, ahora es ganar y rezar
(Foto: La Voz del Interior)

Tras la nueva y drástica caída ante Unión, Talleres se encuentra en una encrucijada complicada, de la que puede salir tan mal como bien parado (ver "Posibilidades"). Por el 3-1 que le propinó ayer el equipo marplatense le hizo perder el hecho de depender sólo de sí mismo para ascender. A tener que ganar y rezar para que el ahora líder; su vencedor de anoche y Libertad, pierdan puntos. Como había sucedido en la segunda fecha en el Mario Kempes en ese humillante 4-1 del que todavía no se pudo reponer, Unión golpeó duro.

Ese resultado maldito terminó antes que tarde con el ciclo de Jorge Ghiso y habilitó la continuidad de Sergio Coleoni, quien, aunque no resignó el invicto, tuvo el mismo final que “Vitrola”. Con la llegada de Ángel Guillermo Hoyos, Talleres volvió a encontrarse frente a un callejón que puede desembocar en el ascenso a la B Nacional, o en el durísimo repechaje para conseguir el cambio de categoría tan necesario.

¿Cuál de los dos Talleres será el que afrontará los dos com­promisos vitales que le restan? Defensores de Belgrano lo pondrá a prueba, en Villa Ramallo, el martes a las 21, y, cinco días después, en el más decisivo de todos los encuentros, llegará Libertad al Estadio Mario ­Kempes.

¿Verá la luz el Talleres que hizo renacer la esperanza a todos y que le ganó con total claridad a Ferro (LP), volviendo a las fuentes futbolísticas? ¿O seguirá presente esa versión mucho más parecida a ese equipo que todos pensaban, que con el tercer partido de Hoyos, había desaparecido? Entre uno y otro equipo, hay un abismo futbolístico, pero también de convicción, ambición y perfil psicológico. Aunque los nombres sean los mismos.

Talleres es hoy, un paciente de diván de difícil tratamiento terapéutico. Oscila entre rendimientos casi superlativos, como frente a Ferro (LP), y pasa a actuaciones depresivas como la de ayer en La Feliz. Una demostración cabal de que ante tantos vaivenes y sin encontrar la regularidad, se le hará cuesta arriba lograr el ascenso.

En rigor, nada está definitivamente perdido, pero tampoco ganado. Si logra reencontrarse consigo mismo y con el estilo de juego que mostró frente a los pampeanos, la posibilidad estará próxima.

Pero si vuelve a repetirse en todos las secuencias nefastas que irrumpen una y otra vez, en sus pozos depresivos, lo de Talleres se convertirá más en una utopía que en una posibilidad concreta.

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