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Para los de Boca, la vigilia es un partido aparte

“Todo sea por Boca”. Carlos Orellano llegó al Kempes el jueves por la tarde para comprar su ticket y cumplir el sueño de ver al Xeneize por primera vez junto a su hijo Lautaro. Fue uno de los que encabezó la larga procesión del aguante azul y oro.

06 de octubre de 2012 a las 12:08 a. m.
Para los de Boca, la vigilia es un partido aparte
Para los de Boca, la vigilia es un partido aparte. (Foto: Facundo Luque)

"Lo ideal sería que gane Boca y que se vaya Falcioni". Un poco en broma y un poco en serio, la vanguardia del aguante xeneize trataba de acortar la vigilia haciendo un poco de futurismo futbolero. Ahí, pegaditos a las boleterías, estaban Hernán Attiz, Carlos Orellano y su hijo Lautaro, Martín Agüero, Claudio Maldonado, Claudio González y su pibe, también de nombre Lautaro. Ellos son los siete locos que llegaron al Estadio Mario Kempes el jueves a las 18 y que ayer por la tarde encabezaban una larga fila que ya tenía 700 metros de largo y cerca de tres mil personas.

"Todo sea por Boca", dijeron los hinchas mientras peleaban con los mosquitos y palpitaban el asado que, si la lluvia lo permitía, sería la última cena antes de la compra de entradas (60 pesos cada una y dos por persona) para el partido de mañana.

Detrás de ellos, la procesión de fieles “bosteros” se transformó en una colorida postal azul y oro, en la que sobresalían carpas y reposeras, rondas de mate y partidos de truco, gaseosas y algún que otro ferné que zafó del control policial. Y un banderón que identificaba a los santiagueños de Frías. La pelota no estuvo ausente: en las cocheras del sector noreste del mundialista se jugaban tres o cuatro “picados” simultáneos. Entre los variados modelos de camisetas boquenses sobresalió un pibe con “pilcha” del Barcelona español, con el “10” en la espalda y el nombre de... Riquelme.

Para los menos previsores, un choripán, por 15 pesos, resultó una buena opción. No faltaron otros clásicos del cotillón tribunero: bebidas, cigarrillos, gorras, banderas y camisetas. “Nos quedamos toda la noche, aunque me parece que no hay un mango”, dijo un vendedor. Cerquita de él, improvisados “naranjitas” cuidaban unos 90 autos, a 30 pesos por unidad.

La vigilia terminará hoy a las 10, cuando “vuelen” los 7 mil tickets disponibles.

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