Para Germán Montoya, el clásico con Talleres va a ser muy especial
Germán Montoya recuerda duelos entre la “B” y la “T” que los tuvieron de protagonistas en inferiores y como profesionales.
Los clásicos se juegan en todas partes. En la esquina con los amigos, en el bar, en la oficina y en todo lugar donde se crucen dos pasiones contrapuestas por las camisetas que se visten en el cuerpo y se llevan en el corazón.
Para Germán Montoya, el arquero que llegó a Belgrano a los 14 años, lo vivió como futbolista en todas las etapas, pues pasó por las inferiores, el torneo de le LCF y en Primera: "Mi primer clásico con Talleres fue en quinta de AFA en 1999 que se jugó en el predio de ellos. La verdad es que tuve mucha adrenalina, nervios y ansiedad por jugarlo".
Pero fue creciendo y para el guardameta también es un buen recuerdo haber disputado partidos en la primera local y en reserva de AFA: “Jugué en reserva y ganamos 1 a 0, entonces nos quedamos a ver la primera, era en 2001 y ganamos con gol de Brusco 1 a 0 y Olave le tapó una pelota bárbara en el final a Ávalos”.

Y su trabajo y su esfuerzo lo llevaron a estar en el equipo superior. Estando en primera, Montoya recuerda de manera especial el partido de 2006: “Arrancamos perdiendo después de una macana mía, pero lo pudimos dar vuelta con goles de Campodónico y Aimar… fue una alegría tremenda y encima ese mismo año se consiguió el ascenso a Primera”.
Nacido en Córdoba, el clásico con Talleres se juega mucho antes y varios días después: “Sí cuando estás en quinta es la familia, pero después son todos. Estaba en el profesorado de educación física en 2006 y mis compañeros me cargaban… ‘Te salvaste, loco’ me decían, porque después de la macana, pudimos ganar”.
Pero cuando un futbolista prácticamente se cría en el club, hace de todo para ver los partidos clave del equipo principal: “Cuando éramos chicos nos anotábamos como alcanza pelotas para poder estar y si no se daba. A la ‘popu’… y es un clima muy pero muy especial, te hace crispar la piel cuando tu equipo ataca”.