Otro quedo Gigante de Belgrano en Alberdi
Al Pirata se lo volvieron a empatar en casa. Lo ganaba 2-0, en 10 minutos, pero se quedó y Patronato lo supo aprovechar. Pierde puntos que pueden pesar.
Como si uno de los bichos que rondó por las luces de estadio en la calurosa tarde-noche de Alberdi se le hubiese atravesado en la garganta. Así se fueron los hinchas de Belgrano del Gigante, tras el empate 2-2 con Patronato. Un partido que a los 10 minutos el Celeste lo ganaba 2 a 0, y que se dejó igualar por impericia propia.
Todo lo que hizo bien en el arranque del juego, el Pirata lo fue perdiendo con el correr de los minutos y el visitante con un método simplísimo, el de tirarle pelotazos a los grandotes de arriba, consiguió llegar al empate, justificarlo y terminó manejando el ritmo del juego.
Belgrano volvió a pecar de inocente para cerrar un partido y para marcar el arma más poderosa de su adversario. Porque lo estudió, lo preparó al partido para que no se le escapara y se le escurrieron dos puntos como en la noche en la que Vélez se fue con otra igualdad de Córdoba.
Una jornada que empezó para ser fiesta terminó con las tribunas murmurando cuando la pelota empezó a ser mal jugada y desperdiciada por los extremos del local, esos que se diluyeron con los minutos y nunca pudieron marcar diferencia ante una defensa que dio muchas ventajas en el principio y que, después, se solidificó ante la simpleza del ataque local.
Son esas noches en las que las cosas arrancan bien, pero se tuercen a fuerza de fallas propias. Porque Patronato estuvo al borde de quedar en el piso por toda la cuenta cuando Sequeira metió una definición brillante para que su primer gol con la de la “B” quede en un cuadrito. Pero fue en ese momento cuando un tiro libre desde la mitad de la cancha fue a dar en la cabeza de Ribas y el delantero la peinó mientras el dubitativo Acosta nunca decidió salir para cortar un balón frontal que pidió su intervención y nunca se dio.
La luna fue testigo de un partido en el que el equipo de Lavallén no jugó mal en el parcial inicial, donde lo planificado se dio en defensa, con un Lértora jugando de líbero y con los laterales sumados al medio para que la visita no pudiera tirar centros. Muchos volantes y movilidad para desorientar al rival.
Cuando el partido le fue más favorable al Celeste, apareció Bértoli y se agigantó para impedirle a Suárez y a Guevgeozian marcar el tercero antes del final de la etapa.
El partido era del Pirata, pero con sólo un gol de distancia. Y así como cada ataque local se transformó en jugada de riesgo, cada centro de la visita despertó lo mismo del otro lado.
Ortiz no estuvo conectado a pleno, Suárez jugó en demasiada soledad y Guevgeozian no resolvió la que le quedó tomando determinaciones desacertadas o, al menos, incomprensibles para un jugador de punta.
La inseguridad de Acosta apareció en escena en otro centro cruzado y la floja noche del arquero lo paralizó para cortar algún centro. Y así fue que la visita llegó al empate de la manera que vino a jugar. Centro y cabeza de Ribas.
El murmullo de la tribuna fue comprensible, porque otra vez después de estar ganando y de contar con chances para cerrar el juego, lo dejó pasar, lo dilapidó por la falta de definición y permitió que se lo empataran a fuerza de centros.
Replantear y pensar
Lo que era triunfo, tres puntos y escalada en la tabla hasta zona de Libertadores, fue empate, amargura por la manera en que se inició y se terminó el encuentro. Porque a veces algunos jugadores no pueden terminar de enchufarse dejando que el partido se los devore y no ser ellos los que inclinen a favor del equipo el trámite del partido.
La sensación de vacío en el alma de los hinchas es comprensible, porque aquellos que daban seguridad no la entregaron y eso les generó gestos de preocupación con el trámite del encuentro.
Lavallén volvió a modificar la manera de jugar en función de lo que el rival vino a proponer y, desde que arrancó el 2018, los encuentros en Alberdi han sido empates y escape de puntos que pueden lamentarse en la próxima temporada. Su idea de cambiar y cambiar da resultados a medias, al menos en estos tiempos de verano, porque le sirvió para ganar de visitante, pero le impidió ser concreto de local.
Amargo sabor en la noche de Alberdi por eso de no ser todo lo que debió ser.
