Olivera, el goleador menos pensado
No hay peor astilla... Alexis, de buen paso por Racing pero sin mucho lugar en la “T”, anoche le dio el empate 1 a 1 y la clasificación a Talleres ante la Academia, en un clásico de dientes apretados.
El gol, gana. Por eso, el fútbol nunca será un deporte lógico. Porque, como anoche, los mejores espacios en el fútbol nunca tienen dueño, ni nombre. A veces ni mérito, siquiera. Por eso es tan mágico.
Se veía llegar a Alexis Olivera con las manos en los bolsillos, con unos auriculares enormes, como abstraído, detrás de las luces y flashes que iban buscando al tridente Sáez-Riaño-Carabajal. O al técnico Arnaldo Sialle a ver si volvía a decirle algo a Marcelo Bonetto, que le había dicho que no tenía que especular. "¿Me tocará a mí?", se habrá preguntado Alexis, justamente un ex Racing. Como el propio Ramiro Pereyra, quien también había hecho su ingreso al vestuario albiazul, casi sin hablar, pensando en un futuro mejor. Quizá preocupado porque había perdido ese rol protagónico que supo tener. Y parecía que, para ellos, la historia iba a quedar así.
Pero no. Entre los dos formaron una asociación inesperada, a cinco minutos del final. Corajeada del santiagueño, queandaba boyando, defendiendo más que atacando, pase al "9" y definición de primera, contra un palo y para cambiarle la importancia a las historias vigentes. La de aquel 1-0 que también provenía de otra sociedad insólita, impensada, pero gravitante como fue la de aquel cabezazo de Germán Noce (en el área chica rival se agachó para definir) y un centrazo de Rubén Molina.
Y ese 1-1 final también le quitó un poco de brillo a esa muralla que había sido el "1" académico con atajadas ganadoras.
El juego amaneció con una cara y se la cambiaron protagonistas que no estaban en los planes de nadie. Al fin, el fútbol es eso. Y así lo determinaron.
Para Talleres fue la salvación, después de estar liquidado y el pasaporte a un instancia que le permitirá seguir soñando. Llegara ese empate sufrido, para hacer valer la ventaja deportiva.
Para Racing, fue quedarse vacío cuando lo tuvo todo. Y ahora, deberá pensar en darle continuidad a un proyecto que lo tiene a Bonetto como abanderado y, así, anteponerlo a la búsqueda desesperada del resultado deportivo.
Festejo y desahogo
Olivera marcó su primer gol en Talleres y lo recordará como el más importante de todos porque le dio la clasificación al equipo en el momento menos pensado.
Para él, para su equipo y para el partido. "Estoy feliz, qué más pedir", dijo "el 9", a quien todos los jugadores fueron a abrazar. Una escena que tapó otra en la que algunos querían facturarle a la hinchada sus hits desaprobatorios cuando todo iba 1-0.
En Racing, se respiró tranquilidad y no dramatismo. Y así más allá de vencedores y vencidos, esta actitud superó en importancia a una floja coyuntura que había enmarcado un clásico que antaño fue de amigos, casi parientes y que llegó a convertirse en uno de casi enemigos.
Con cruces de jugadores, dirigentes, hinchas y, últimamente, de entrenadores, que tuvieron un corralito de 13 policías para que no se cruzaran.Cayó el telón. Uno festejó y el otro se lo permitió. Al menos, una vez. Ya es algo.
