Olave y su salida de Belgrano: Me preparé para este momento
Contó que hizo terapia para afrontar esta decisión. Analizó su carrera, la gratitud del hincha y lo que vendrá para él y la “B”.
La despedida de Juan Carlos Olave parece no tener fin. Es un adiós proporcional a su carrera, que lo tuvo durante 382 partidos oficiales defendiendo el arco pirata. Ayer, apenas un día después de su último partido en el club, el arquero del Belgrano de todos los tiempos recibió en su casa a Mundo D y comenzó a procesar con palabras todo lo que está viviendo.–¿La pasaste bien o mal contra Central?
–Fue un día mágico, de sensaciones encontradas. Por estar en el lugar donde más feliz fui por última vez y recibir tantas muestras de afecto y cariño, de las que uno no sabe si es merecedor.
–Lloraste. Varias veces.
–Y eso que no me gusta llorar ni mostrar fragilidad. Pero me quebró el momento. Fueron lágrimas de emoción, fue mi reacción ante semejante día que me hicieron pasar...
–¿Por qué ahora, con seis meses de contrato por delante?
–Es que desde junio venía madurando esta decisión. Esta última etapa mía estuvo marcada por la Copa Argentina. Tenía la gran ilusión de salir campeón y jugar la Libertadores. Pero quedamos afuera, miré para adelante y no tenía esos objetivos ambiciosos que quería. Por eso creo que es el momento de que aparezca un arquero que sea el futuro arquero de Belgrano. Y, para mí, llegó el momento de priorizar otras cosas con la familia.
–¿Te vas entero?
–Me siento entero para seguir jugando, pero todo el tiempo que pasaba entre un partido y otro se me volvió una carga que se me hacía difícil sobrellevar. Además, al día de mi retiro lo quería decidir yo. Vi retirarse a muchos en medio del olvido de todos… Jugadores que hicieron una carrera enorme y se van con una imagen desdibujada. Quiero que la gente de Belgrano recuerde que jugué hasta el último día como ellos esperaban que jugara.
–No dejaste de dar notas desde que terminó tu último partido. ¿Tenés miedo de lo que pasará después, cuando baje este nivel de exposición?
–No sé si miedo, pero lo miro con incertidumbre. Durante muchos años me preparé para jugar al fútbol y es imposible que tomar la decisión de salir no te genere nada. Pero me preparé para este momento. Hice terapia, recibí muchos consejos y estoy en condiciones de disfrutar de otras cosas que me permitan ir sobrellevando el momento. No me quiero equivocar. En terapia me advirtieron que no puedo pretender reemplazar el fútbol por otra cosa, porque ninguna otra me va a devolver las sensaciones que yo viví en una cancha, por lo que corro el riesgo de estar siempre insatisfecho. Así que tengo que sentir una real motivación en cualquier cosa que vaya a hacer o encarar.
–La gente que te ve tan sanguíneo y pasional en los partidos cree que se te va la vida en el fútbol…
–Vivo para el fútbol, pero tengo otros frentes abiertos. Por mi hija Arantxa, me he involucrado en la causa de la discapacidad, para que empiecen a cambiar algunas cosas. Sigue habiendo situaciones injustas e ingratas para familias que cada vez encuentran más piedras en el camino. También tengo una obligación moral con Las Palmas y con mi abuelo, para que nunca se apague esa llamita que encendieron ellos en 1933…
–¿Te vas con alguna cuenta pendiente?
–Fui un bendecido y es momento de agradecer. Le pedí a Dios que me diera la chance de jugar una vez con la camiseta de Belgrano y jugué 382 partidos oficiales, más no sé cuántos amistosos… Debuté una tarde mágica, cuando le ganamos 3-1 en la Bombonera al Boca de Bianchi; estuve en el ascenso en el Monumental, que no lo cambio por ningún título. Mi carrera fue lo que fue. Y siento que fue hermosa. La disfrutó mi familia y espero que los hinchas también. Me hubiera gustado regalarles algo más porque uno disfruta de hacer disfrutar a otros. Aunque se piense que el jugador de fútbol es frío y apático. No es así.
–¿Olave hubiera podido ser Olave en otro club?
–Mi carrera fue luchar, caerme, recuperarme, resurgir… Y Belgrano me identificó plenamente, como el club sufrido y luchador que es. Eso es lo que lo hace grande. Por eso digo que el motor de Belgrano tiene que ser el crecimiento, no las carencias. Depende de los actores no acomodarse a este confort que hoy ofrece el club, porque ahí es cuando empezás a tambalear. Si el bienestar que se vive conspiró contra la mística celeste, entonces hay que reconstruir la cabeza de cada uno de los que están.