Una noche perfecta en el Chateau
Una gala de fútbol. La gente se adueñó de la cancha, de los cánticos y de las ovaciones. Quién sabe si volverá a repetirse.
Cuando el fútbol se parece a la publicidad de una compañía de celulares, la realidad termina siendo un sueño. Quizá seamos demasiado influenciables por tanta propaganda, puede ser; pero lo de anoche en el Estadio Kempes pareció sacado de la 'tele'.
Un viento cálido, un cielo limpio, un estadio impecable y un equipo argentino que les dio a miles de cordobeses una dosis de pasión y juego que nos reconcilió con la Copa América.Ni en La Plata en el debut, ni en Santa Fe en el frío empate ante Colombia, se había vivido lo de anoche. Córdoba, con su calor y su buen humor, le cambió el ánimo a Lionel Messi, y con él encendido el alma pareció volver a un equipo que venía hecho un zombie.
Tanto cartel con dedicatoria a “Leo” (no exageramos, eran muchísimos) y tanto pedido de disculpas de los propios hinchas por las críticas lograron hacer que una previa hostil terminara en una noche de mimos. Lo explicaba Fede, estudiante de arquitectura, que se plantó en la tribuna “Roberto Gasparini” solito con su alma desde tempranísimo para bancar a su ídolo.
“No saben nada los que lo critican”, decía mientras sostenía un cartel hecho a mano que acusaba de ignorantes a todos los que habían osado cuestionar a Lionel.
Fue una noche perfecta. Como si el fútbol jamás hubiera sido tierra de barras y delincuentes, lo de ayer en el Kempes fue propiedad sólo de la gente. Una ceremonia bien popular y nacional. Las tribunas a tope como soñaron los que idearon este enorme estadio, llenas de esa ansiedad que produce un evento único y trascendente. Muchas familias en el viejo Chateau, preparadas como si un vestuarista hubiera trabajado sin descanso para que se vieran "bien argentinas".
Gente de toda la provincia quería ver a la selección nacional. Pero anoche, sobre todo, la gente quería ver a Messi. Es que el fenómeno estaba en Córdoba, a pocas cuadras del Tropezón, a algunos kilómetros de Oncativo, Río Tercero, Villa Rumipal.
Las banderas marcaban, como en un Google maps, las ubicaciones de cada hincha en una noche bien del interior. Pibes, señoras, abuelos preparados para gritar goles y dar ovaciones. Importó poco la presencia, otra vez, de los barras de las “Hinchadas Unidas Argentinas”.
Anoche fue otra cosa, una gala más cercana a un espectáculo bien simple. Ese que debería darnos el fútbol. Un divertimento que apasione y que nos haga disfrutar de su magia.
Al partido de anoche no le faltó siquiera la presencia de Javier Pastore (Batista, tan permeable al mandato popular, no pudo decirle que no al pedido de los cordobeses), ni los goles del Kun Agüero, ni el corazón de Di María. Sólo al final quedó el gusto agrio de saber que Argentina no volverá al Kempes porque no logró el primer puesto de su grupo, una pena grande porque aquí encontró quien la arropara y le cambiara el corazón.Vaya a saber si alguna vez se repetirá lo de ese lunes. Habrá que tener grandes campañas, con equipo cordobeses fuertes que logren estar en la cima de sus torneos para repetir tamaña foto. Eso podría darse, por qué no (Belgrano acaba de demostrarlo).
Pero lo que será complicadísimo será tener otra vez a Messi a toda máquina, enojado y decidido a demostrarle a los argentinos qué lo hace ser un genio. Esas cosas pasan una vez en la vida.

